domingo, 16 de julio de 2017

LIBRETA DE LECTORA (III)

«…el señor de Bragadin conocía el mayor de los secretos, el secreto de la tarea más dolorosa de la vida humana; sabía que no debemos avergonzarnos de nuestros sentimientos aunque los malgastemos en alguien que no es digno de ellos.»

(Sándor Márai, La amante de Bolzano)

 
«“¿No juegas?”, me preguntaba Manuel al pasar (era la misma pregunta que casualmente, a veces, me hacían mis coetáneos cuando me veían solo mientras ellos jugaban. “Mi corazón ―le respondí― tiene demasiadas arrugas”.»

(Elsa Morante, Araceli)


«Y así, tan elegante con mi camisita y mi corbata, partí hacia aquel largo veraneo en el que, por primera vez, sufrí la más negra infelicidad terrestre: la de estar vivo donde nadie nos ama.»

(Elsa Morante, Araceli)


«…y al fondo, detrás de todo eso, el sedimento del cielo se había posado en un lugar donde todo el sufrimiento contenido en las palabras “Yo soy” se disolvía en una paz azul.
            Entonces lo dijo.
            ―El mar.»
(David Mitchell, El atlas de las nubes)


«La risa es una blasfemia anárquica. Los tiranos hacen bien en temerla».

(David Mitchell, El atlas de las nubes)


«Aunque me temo que nos sentimos atraídos por aquello que nos abandona, y por lo que parece más probable que vaya a abandonarnos, finalmente creo que nos define lo que nos acoge».

(J.R. Moehringer,  El bar de las grandes esperanzas)


«¿Había algo que decir a un padre, aparte de verlo vivir, de tenerlo no demasiado lejos, cerca de sí, como un último talismán del que nunca se sabrá muy bien cómo servirse?»

(Pierre Lemaitre, Irène)


«Y cada vez que veas en las noticias las imágenes de unas inundaciones pensarás: “Sí,  justo. Ese es mi corazón”.»

(Haruki Murakami, Kafka en la orilla)


«Mi padre mojó el índice en su vaso y escribió sobre la mesa de madera: LILI. Al poco añadió, resignado:
            ―También esto se evaporará».

(Péter Gárdos, Fiebre al amanecer)


«No teníamos ningún mérito, salvo aquel que la juventud otorga por muy poco tiempo a cualquiera, como una vaga promesa que jamás será cumplida».

(Patrick Modiano, Más allá del olvido)


«…también suelo apoyar la cabeza en los escritorios de madera y los escucho, porque hacen ruidos, similares a las ramas mecidas por el viento, como si todavía fueran árboles. La verdad es que en aquellos tiempos me inquietaban muchas cosas, como qué insuflaba vida a las velas y de dónde procedían los sonidos de los pupitres».

(Lucia Berlin, Manual para mujeres de la limpieza)


«Cásate conmigo, decía, dame una razón para vivir. Háblame, decía yo, no cuelgues».

(Lucia Berlin, Manual para mujeres de la limpieza)


«El reloj de mesa golpeaba con un rumor seco el muro del tiempo».

(Haruki Murakami, Crónica del pájaro que da cuerda al mundo)


«…¿has visto alguna vez la sombra de una lágrima? La sombra de las lágrimas no es una sombra cualquiera. Es muy distinta. Viene de un mundo lejano especialmente para nuestros corazones. O tal vez no. Quizá las lágrimas que derrama la sombra son las auténticas y las que derramo yo son sólo la sombra».

(Haruki Murakami, Crónica del pájaro que da cuerda al mundo)


«Son la más potente contradicción de los barrotes, los libros. Al prisionero tumbado en un catre le abrían de par en par el techo

(Erri de Luca, Los peces no cierran los ojos)


«Aún hoy, en las noches tumbado al aire libre, siento el peso del aire en la respiración y una acupuntura de estrellas en la piel.»

(Erri de Luca, Los peces no cierran los ojos)


«Un hombre, si es maestro, nunca podrá presumir de digno y justo si antes no ha merecido estas calificaciones de sus alumnos.»

(Ramiro Pinilla, Sólo un muerto más)


«El enamorado es como el paranoico, cree que todo le habla a él.»

(Pedro Mairal, La uruguaya)


 «Si hubiese podido suicidarme y luego ver las caras de todos, la cosa habría valido la pena. A los hombres sólo les convencen tus motivos, tu sinceridad y la gravedad de tus pesadumbres cuando te ven muerto.»

(Albert Camus, La caída)


 «Al contemplar ese espectáculo no entiendo por qué rugen las olas, quién las escucha por la noche, qué pretenden, por qué seguirán rugiendo cuando me haya ido».

(Haruki Murakami, 1Q84)

2 comentarios:

  1. Ante tantas frases manidas que circulan por las redes y que valen igual para un roto que para un descosido, tus subrayados son ventanas que invitan al desarrollo personal de verdad y también al literario.

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  2. Me alegro mucho de que te resulten sugerentes, Pili. He repasado los títulos a los que pertenecen y me he dado cuenta de que son el resumen de un año de lectura. El último de los resúmenes, después de pasar unos cuantos filtros: suelo subrayar bastantes más pasajes en cada libro. Gracias por comentar. Es siempre un placer leerte.

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