jueves, 12 de octubre de 2017

MIS FOTÓGRAFOS (XIV)


Sirviéndose de recursos que confieren a sus imágenes un indudable carácter pictórico, la fotógrafa búlgara Katia Chausheva es autora de un mundo íntimo y delicado, con frecuentes toques oníricos. Sus creaciones me resultan todas ellas inspiradoras, pero no he dudado en elegir la que encabeza estas líneas, que, por su parecido con ciertas escenas de mis sueños, me produce por ello una doble sensación de extrañamiento y cercanía. Gracias a una exposición múltiple, Chausheva sitúa en el escenario del bosque a un caballo que no debería estar allí y que avanza, fantasmal e imparable, por un curioso camino empedrado. Todo en este bosque es simétrico, extrañamente quieto y ordenado: los troncos en perfecta verticalidad, el sendero que se quiebra en ángulos para adentrarse en la niebla. Es un paisaje compuesto a base de elementos que no casan del todo; el equilibrio de las líneas y el ambiente sombrío son percepciones opuestas, que chocan en nuestro cerebro acostumbrado al imaginario tenebroso heredado de románticos y surrealistas. Somos claramente espectadores no implicados en la escena (el camino se desvía hacia nuestra derecha y no nos invita por ello a adentrarnos en el bosque, el caballo está a punto de pasar de largo a nuestro lado), pero aun así es inevitable que busquemos un sentido a esta visión inquietante, que estamos abocados a contemplar desde fuera, sin comprender su alcance.

martes, 3 de octubre de 2017

LOS CUADROS DE SEPTIEMBRE (2017)

Tengo la costumbre desde hace años de saludar el reinicio de las clases trayendo a esta sección un cuadro relacionado con la enseñanza. Para este mes de septiembre, que por mis circunstancias personales tiene una doble condición de principio (al habitual comienzo de curso se une mi incorporación a un instituto nuevo), he elegido una obra que me parece especialmente adecuada; una obra que habla del miedo ante lo desconocido y del valor para afrontar las novedades, y que se sitúa, de la forma más gráfica y expresiva posible, en un umbral. La pintó el artista ruso Nicolay Bogdanov-Belski a finales del siglo XIX y lleva el título de A las puertas de la escuela. No fue la única vez que este pintor llevó al lienzo un motivo semejante; se trata de un artista especializado en la pintura de género, que retrató la sociedad de su época centrándose en el mundo de la infancia y las clases humildes. A las puertas de la escuela es una obra que me resulta conmovedora. Asistimos a la entrada en clase de un alumno al que presuponemos nuevo por su actitud de indecisión. Ha llegado tarde y observa desde la puerta a sus compañeros, ajenos a su presencia y embebidos ya en sus tareas. La situación no tendría más trascendencia de no ser por la indumentaria del recién llegado, vestido con ropas andrajosas y pertrechado con unas bolsas mugrientas en las que lleva sus utensilios. Este niño humilde que no se decide a entrar y que observa la escena escolar sujetando en la mano su gorro con gesto respetuoso me parece un símbolo de muchas cosas: de la cruel desigualdad que margina a muchos desde la infancia, de los obstáculos en apariencia insalvables, del miedo a afrontar las dificultades de la existencia. Da la impresión de que un abismo imposible de franquear separa a este muchacho de los otros, los integrados, los que han llegado a tiempo de traspasar el umbral. Pero si miramos con atención, descubriremos un detalle que nos tranquilizará: uno de los chiquillos sentados en la primera fila tiene los pies descalzos; nuestro recién llegado será sin duda admitido en esta aula que acoge a todo tipo de alumnos, sin atender a su condición social. Con su estilo realista y emotivo, Bogdanov-Belski hace un hermoso canto al poder de la educación para superar obstáculos y acortar distancias entre individuos. Precisamente eso en lo que creemos los que septiembre tras septiembre emprendemos con energía el curso que comienza.

jueves, 28 de septiembre de 2017

MIS ESPEJOS ROTOS

Un amigo me contó hace tiempo que su mala memoria para los títulos le trae una consecuencia indeseada, aparte de la lógica dificultad para dar su opinión en conversaciones sobre literatura: le ha ocurrido más de una vez comprarse un libro que ya había leído porque el título no le resultaba familiar. Yo de momento no me he visto en esa situación, pero sí me ocurre tener en mis estanterías varias ediciones de la misma obra. Me sucede con los libros que amo de forma especial, que compro repetidas veces con cualquier excusa o que me regalan las personas que me conocen bien. Me sucede, como no podía ser de otra forma, con mi novela favorita de Mercè Rodoreda (que es lo mismo que decir una de mis dos o tres novelas favoritas, en términos absolutos): Espejo roto.

jueves, 21 de septiembre de 2017

LECTURAS DEL PASADO VERANO (2017)

A veces, el infierno puede adoptar las limitadas dimensiones de una vivienda familiar; es lo que Georges Simenon demuestra en esta novela concisa y terrible. La casa de las hermanas Lacroix es un poderoso símbolo de la crudeza de las relaciones humanas basadas en el resentimiento, enquistadas a lo largo de los años y encerradas en los límites de un espacio reducido. Las protagonistas comparten al mismo hombre como marido y amante, y se profesan un odio que las mantiene vivas desde hace décadas y que da sentido a su estrecha relación. Tiene especial fuerza la imagen de la familia compartimentada; varios de sus miembros aparecen confinados en un espacio que les es propio y del que apenas salen: el padre en su taller del desván, la hermana mayor en su despacho, la menor en las estancias de labores domésticas, la hija de ésta en su dormitorio de enferma. Frente a ellos, los dos hijos sanos, que huyen de la casa a la menor oportunidad y recorren un mundo exterior del que sólo tenemos referencias. Simenon crea un universo claustrofóbico, del que no es posible encontrar la salida, y lo describe con mano firme y estilo escueto, obviando las explicaciones innecesarias. Es tarea del lector descifrar los gestos y palabras, al principio enigmáticos, de esta comunidad humana condenada a la convivencia.

domingo, 10 de septiembre de 2017

EN LA CALLE

Una de las cosas buenas ―de las muchas― que saqué de la exposición Retratos de la Fundación Mapfre el pasado mes de julio fue redescubrir a Joan Colom. No digo “descubrir”, porque las imágenes de este fotógrafo que retrató hasta la extenuación el Raval de Barcelona son sobradamente conocidas, aunque no siempre se asocien al nombre del individuo tranquilo y discreto que fue su autor.

martes, 5 de septiembre de 2017

TAN CERCA DE AUSTER

A unos pocos metros, de hecho. No sabría decir cuántos (¿cinco?, ¿diez? La capacidad espacial no es, desde luego, mi fuerte). Pero el caso es que esta tarde he pasado una hora larga sentada en las proximidades de uno de los novelistas vivos a los que más admiro, escuchando sus reflexiones acerca de la escritura y la vida, que vienen a ser en él una misma cosa.

sábado, 2 de septiembre de 2017

LOS CUADROS DE AGOSTO (2017)


El pintor ucraniano contemporáneo Evgeni Gordiets encarna la faceta amable del surrealismo. Es creador de una larga serie de paisajes ingenuos y coloridos, en los que lo onírico y lo naíf se dan la mano. Sus naturalezas están transitadas por misteriosas figuras femeninas ataviadas a la moda del XIX y por criaturas animales y vegetales que se alejan de todo naturalismo por su inmovilidad y lo singular de sus dimensiones. Las montañas adoptan con frecuencia formas humanas, mientras que los seres vivos están tratados como objetos estáticos, detenidos en el espacio y el tiempo, preservados por los pinceles del artista de todo cambio o deterioro. Me ha costado elegir un cuadro dentro de semejante despliegue de fantasía y color; me he quedado finalmente con este, en el que una de las características mujeres-maniquí de Gordiets se inserta en un paisaje ideal, plasmado como es habitual en su autor con una técnica meticulosa cercana al puntillismo. Leo en su biografía que este pintor es un caso llamativo de precocidad artística, y que ya a los cinco años era motivo de asombro por su talento. No me extraña en absoluto: viendo sus obras de adulto, uno se da cuenta de que siguen siendo el sueño feliz de un niño.

viernes, 18 de agosto de 2017

COSAS QUE APRENDO LEYENDO NOVELAS

Hace no mucho, una persona amante de los libros pero poco aficionada a la narrativa me comentó que no le veía sentido a leer novelas. Le parecía una pérdida de tiempo dedicarse a seguir tramas inventadas, peripecias vividas por personajes ficticios, en lugar de, por ejemplo, empaparse directamente de las ideas de un pensador a través de un ensayo o de los sentimientos verídicos de un ser humano a través de la poesía.

miércoles, 2 de agosto de 2017

LOS CUADROS DE JULIO (2017)


El pintor polaco contemporáneo Darek Grabus nos da una límpida visión del verano en el cuadro titulado Jugadores. La sencillez de líneas, la claridad de la composición y los colores planos son rasgos habituales de este pintor, que combina el tratamiento realista de las figuras humanas con una simplificación del entorno. Sus personajes, con frecuencia sentados en la playa o en terrazas que se abren al mar, parecen suspendidos frente a un verano eterno que es más una imagen mental que un espacio físico. De entre las obras de este artista que recrean el ambiente estival me gusta sobre todo esta, en la que el elemento emotivo cobra un especial relieve: el muchacho sentado en primer plano parece contagiarse de la sombra que el muro arroja sobre él mientras observa a otros jóvenes inmersos en un juego en el que él no participa. La escena nos habla de la soledad del que se siente excluido, de la felicidad ajena que con frecuencia pone más de relieve la tristeza del que la contempla. Las tres franjas que representan el cielo, el mar y la arena conforman un escenario geométrico, casi metafísico, para este pequeño drama cotidiano. A mí me da la sensación de que hay más razones que las evidentes para que el protagonista siga siendo solitario: lo que contemplan sus ojos es tal vez un verano del pasado, un producto del deseo o un fruto de su imaginación.

lunes, 31 de julio de 2017

UN ENCUENTRO EN BARCELONA

Los encuentros entre artistas a los que admiro son situaciones especialmente gratas a mi imaginación. No me refiero a la coincidencia habitual entre personajes que compartieron un entorno y cuya consecuente proximidad dio origen a roces de uno u otro signo. Es estimulante evocar las andanzas juveniles de Lorca, Dalí y Buñuel, o irse más atrás en el tiempo para imaginar las disensiones literarias, y de las otras, que separaron a Lope de Vega y Cervantes, pero no me estoy refiriendo a este tipo de contactos habituales y lógicos entre coetáneos que habitan en el mismo entorno. Lo que me lleva a escribir hoy son los encuentros únicos y buscados, que se producen una sola vez en la vida de sus protagonistas, normalmente porque el más joven de ellos lo propicia para dar alimento a su devoción por el otro.

martes, 25 de julio de 2017

MADRES E HIJOS

El domingo pasado visité en la sala Recoletos de Mapfre la exposición titulada Retratos. Colecciones Fundación Mapfre de fotografía. Sabía que me iba a interesar: supongo que es mi faceta de novelista la que se siente atraída por esa maravillosa captación de la psicología, las circunstancias y las actitudes de personajes de variada índole que se produce cuando los fotógrafos toman la figura humana como centro de su interés. Podría comentar muchas cosas de lo que allí vi, pero me quedo con tres imágenes que llamaron poderosamente mi atención y que están unidas por el tema de la maternidad.

sábado, 22 de julio de 2017

ORDENAR EL MUNDO

En tiempos de incertidumbre, no hay nada como ponerse a ordenar. Supongo que esta tendencia mía es herencia de familia: la más clara señal de intranquilidad en una persona muy cercana a mí es encontrarla sumida en armarios y cajones, extrayendo y recolocando, rompiendo papeles con frenesí, reubicando objetos con minuciosidad de relojero. Es una labor que vista desde fuera asusta, pero que, curiosamente, a su protagonista le proporciona serenidad; un auténtico zafarrancho de combate para plantarle cara al desasosiego.

miércoles, 19 de julio de 2017

BUSCAR CASA

Buscar casa es hacer un inciso total en la vida. Está a punto de cambiar el escenario de la obra; cambiarán sin duda la actitud de los personajes y el sesgo de la trama. En esos instantes previos al inicio del nuevo acto de la función, se apodera de nosotros la incertidumbre.

domingo, 16 de julio de 2017

LIBRETA DE LECTORA (III)

«…el señor de Bragadin conocía el mayor de los secretos, el secreto de la tarea más dolorosa de la vida humana; sabía que no debemos avergonzarnos de nuestros sentimientos aunque los malgastemos en alguien que no es digno de ellos.»

Sándor Márai, La amante de Bolzano

sábado, 1 de julio de 2017

LOS CUADROS DE JUNIO (2017)

He aquí mi último descubrimiento: el pintor e ilustrador chileno Federico Infante, un artista muy joven (nacido en 1982) que tiene ya en su haber una considerable obra gráfica en la que explora el mundo de los sentimientos, la intimidad y el subconsciente. Son frecuentes las referencias a él como “pintor surrealista”; de hecho, según su propio testimonio, su técnica consiste en cubrir el lienzo con varias capas de pintura acrílica que después rasca para ir sacando de su interior las imágenes, en un proceso de total libertad, al margen de las ataduras de la razón. Elegir una sola de las obras de este artista sugerente en grado superlativo ha sido tarea difícil: me gustan todas, todas me emocionan o me conmueven o me remiten a mi mundo interior. Sus cuadros presentan espacios cercanos a la abstracción, en los que aparecen personajes solitarios concentrados en tareas, a veces insignificantes, que cobran sin embargo una gran trascendencia. Me gustan de forma especial los que, como el que encabeza estas líneas, recrean figuras femeninas que se repiten en un curioso eco visual. La mujer se arregla el vestido en un escorzo que nos impide identificar sus rasgos más personales; el paisaje arbolado que la rodea pierde definición en la zona inferior del lienzo, donde parece derretirse: es un mundo a la vez material e intangible, un espacio para el pensamiento y la reflexión, para las búsquedas personales, en el que esta mujer triplicada nos representa un poco a todos.

miércoles, 28 de junio de 2017

UN VIEJO CARRUSEL

Todos los años por estas fechas, la llegada del verano se tiñe de melancolía por las cosas que se van. Mis compañeros de profesión comprenderán sin duda lo que estoy diciendo: acabar un curso es dejar atrás personas y situaciones, desprenderse del pasado para afrontar con más ligereza el futuro, mudar de piel. Es un ciclo de la vida en miniatura que, a finales de junio, entra en un desenlace provisional, previo a la renovación de septiembre.

sábado, 24 de junio de 2017

LECTURAS DE LA PASADA PRIMAVERA (2017)

Los relatos que componen este libro de Fernando Aramburu son pinceladas que conforman un fresco desolado y brutal; tragos amargos ―ya lo dice el título― de un líquido que, bebido de golpe, nos cortaría la respiración. Estos retazos de realidad están tomados desde distintas perspectivas. Para el que no lo haya adivinado ya, diré que Aramburu aborda el problema del País Vasco, y lo hace poniéndose en la piel, en los ojos y en la voz de personajes de variado pelaje: el policía asesinado y su familia, la madre del preso que debe recorrer media España para visitar a su hijo, los niños que juegan a ser etarras y a hacer atentados con cochecitos de juguete, el sospechoso de delación que es objeto del más cruel linchamiento por parte de sus paisanos. Pero no nos engañemos pensando que esta multiplicidad de puntos de vista entraña indiferencia o ecuanimidad en el reparto de responsabilidades: se nota bien a las claras la ira del narrador contra los que esgrimen la violencia, los cobardes que apoyan el terror con su silencio, los enquistados en un orgullo que no atiende a razones. El miedo, el fanatismo, los viejos rencores, la desolación y la pérdida recorren estas páginas implacables, escritas con impresionante concisión estilística y con admirable valentía. Cuesta reponerse de la lectura de algunas de ellas. Los peces de la amargura es una dolorosa constatación de la capacidad del ser humano para infligir daño a sus semejantes. También lo es de su talento para analizar la realidad con lucidez y utilizar incluso lo más oscuro ―lo más amargo― para crear arte.

lunes, 12 de junio de 2017

LLEGÓ EL DIABLO

Hace algo más de un año, una llamada telefónica me anunciaba que mi novela El diablo salió de la niebla había resultado ganadora del Premio Cáceres de Novela Corta. La persona encargada de comunicarme el fallo fue Juan José Millás, que ejercía de presidente del jurado en esa edición. Es curiosa la sensación de familiaridad y de extrañamiento simultáneos que produce charlar con un desconocido con el que, sin embargo, se ha tenido una indudable cercanía a través de sus escritos. Sentí, de hecho, que aquella no era nuestra primera conversación; pero eso daría material para otra entrada.

viernes, 2 de junio de 2017

LOS CUADROS DE MAYO (2017)


Discouraged workers es el expresivo título original de este cuadro del pintor estadounidense Ben Norris (1910-2006). En efecto, sus protagonistas rezuman desaliento, desánimo, abatimiento: frente a un escenario de dimensiones desmesuradas, las pequeñas figuras humanas se mueven encorvadas, en solitario o en parejas, como ayudándose en el duro oficio de seguir adelante. En contraste con ellas, la maquinaria industrial que parece ir a engullirlas a todas es un prodigio de magnificencia y verticalidad; sus ángulos están nítidamente trazados, sus piezas encajan a la perfección, sus chimeneas se alzan hasta el infinito. Es un paisaje inhumano y vertiginoso, al que no cabe más que rendirse y obedecer con la cabeza gacha. Este cuadro de colores vibrantes y pinceladas vigorosas fue creado en 1936, en pleno periodo de entreguerras, en medio de una cruel crisis económica que condenó a miles de trabajadores a la sumisión y la miseria. Apenas apagados los ecos de las marchas del pasado Día del Trabajador, se me antoja que el mensaje del artista sigue pleno de validez y oportunidad: la dureza de las condiciones laborales, la existencia de un engranaje despiadado que ignora el elemento humano y la presencia triste y digna del obrero que, aun abatido, prosigue su camino sin rendirse.

domingo, 21 de mayo de 2017

EL ARTE DE LA PACIENCIA


Hace dos semanas, me encontraba yo en el interior del Fuerte de Bard, una impresionante fortaleza del Valle de Aosta que ha sustituido su tradicional función militar por la de centro de cultura y exposiciones. La intención que me había llevado hasta allí en compañía de dos amigos era la de visitar una exposición del gran fotógrafo Robert Doisneau. Nos disponíamos a hacerlo, cuando desde una pared me saludó este rostro inquisitivo. Tuve la clara sensación de que el zorro apoyado en el muro esperaba pacientemente a reclamar mi atención. Lo miré. Casi diría que nos miramos. Fue un reclamo irresistible: el plan inicial se amplió así con la visita a otra muestra también de fotografía, pero de carácter bien distinto.