jueves, 11 de enero de 2018

ELOGIO DEL CUYO

Hará cosa de un mes, escuché por la radio una entrevista a un autor novel (aunque no precisamente joven) que acaba de publicar una novela. Preguntado sobre la trama de esta, respondió lo siguiente: «Es la historia de un chico que su padre es herrero». La frase chirrió en mis oídos. Creo que mi primera reacción fue la de cerrar los ojos, como si con ello pudiera negar el sonido que aún rebotaba en mi cerebro (por fortuna, no iba conduciendo mientras escuchaba la radio). Aparte de la notoria incorrección, me había dolido la ausencia de una palabra que últimamente echo en falta en conversaciones, escritos (no solo de mis alumnos) y medios de comunicación. O mejor diré que lo que me dolió fue su sustitución por el plano, polivalente y manoseado “que”. ¿Qué está ocurriendo con nuestro viejo y querido “cuyo”?

miércoles, 3 de enero de 2018

LOS CUADROS DE DICIEMBRE (2017)


El pasado 3 de noviembre, hace hoy un mes, asistí a la inauguración de la exposición Otra mirada del pintor talaverano Leonardo Montejo. Además de artista, Leonardo es un maravilloso enseñante con el que tuve la suerte de compartir unos cuantos años de lides estudiantiles; por ello, acudir a sus exposiciones es siempre un motivo de alegría para mí. En esta ocasión, hubo otro añadido: descubrir uno de esos cuadros que puedo incluir en la galería ideal por la que me gusta pasearme con la imaginación. Se titula Café de París y tiene tantos elementos para resultarme atractivo que estas líneas me serán sin duda insuficientes. Empecemos por lo evidente: los cuadros que presentan a personajes abstraídos en la lectura o la escritura llaman mi atención de forma automática. En este caso, la modelo está situada detrás de una cristalera, que es lo que singulariza la obra y da motivos para una larga contemplación. El inteligente juego de reflejos mezcla los elementos que se encuentran detrás del cristal y los que están en la acera de enfrente; a nosotros nos compete distinguir mundo interior frente a exterior, mundo visto a través del cristal frente a mundo en él reflejado. Yo no me canso de hacerlo; es un cuadro que no se termina de ver nunca. Un último motivo de gozo: el alegre colorido que acompaña a esta escena de sosiego y reflexión, y que ha sido la causa de que demore un mes su comentario. Cuando asistí a la exposición, andaba yo explorando en esta sección las sombras propias del mes de noviembre. Nada más opuesto a este triunfo de la luz y el color, del apacible disfrute del presente.

domingo, 31 de diciembre de 2017

UNA FELICITACIÓN PRESTADA

Los que pertenecen a mi entorno cercano saben que he empezado a escribir una novela y que eso me absorbe mucha energía. No he tenido tiempo por ello de preparar mi habitual felicitación para el año nuevo; cuando me he querido dar cuenta, había llegado a la última página del calendario y me encontraba sentada frente al ordenador, perdida en mis personajes y mis historias. Por eso ―y porque no quiero renunciar a desear lo mejor a amigos, lectores habituales e incluso a lectores pasajeros que recalen por casualidad en este blog―, me dispongo a preparar una felicitación de emergencia, a base de unir retales de imágenes, sonidos y palabras que me han asaltado estos últimos días. Veamos qué sale.

jueves, 21 de diciembre de 2017

LECTURAS DEL PASADO OTOÑO (2017)

A comienzos del verano que acaba de terminar, abandoné un taxi en medio de un atasco en la autopista metropolitana de Tokio y huí por una escalera de emergencia que conducía a un nivel inferior. Perdón: lo que acabo de narrar no lo hice yo, sino Aomame, una de las protagonistas de esta larga e intensa novela de Murakami. Fue, en cualquier caso, una acción que me afectó de forma especial, uno de esos comienzos de historia que no olvidaré fácilmente. Será difícil convencerme de que fue otra persona quien tuvo que saltar una verja de hierro para afrontar el vertiginoso descenso. Porque no se trataba de la sencilla acción de bajar unos escalones, sino que supuso abismarse en las profundidades de un mundo desconocido dominado por una doble luna, en el que unos misteriosos personajes llamados Little People campan por sus respetos y en el que extrañas crisálidas hacen materiales a seres venidos de otra dimensión. En el que el simple contacto de las manos de dos niños los convierte en dos seres predestinados a reencontrarse al cabo de dos décadas: se trata del mundo de 1Q84. Más de mil páginas después, me dispongo ―también me resisto, en parte― a abandonar ese peculiar universo que, como suele suceder en las obras de este novelista, supongo que no llegaré a comprender del todo. Mejor así. Murakami lleva unos cuantos años y bastantes libros demostrándome que puedo aparcar la razón sin por eso sentirme perdida. No sé si este libro ―estos tres libros, en realidad― largo, repetitivo y de ritmo lento me habría causado idéntico impacto en otra etapa de mi vida. Creo que no y que ha llegado en el momento más oportuno. En épocas de desazón y de pérdida de referentes, nada mejor que fugarse a un universo paralelo. Gracias a Murakami, las salidas de emergencia para huir de atascos de todo tipo están garantizadas.

jueves, 14 de diciembre de 2017

ALEGRÍAS LITERARIAS

Esta mañana, en clase de Literatura Universal, un alumno de 1º de Bachillerato me ha llamado con un nombre que no es el mío. Este tipo de confusiones son bastante embarazosas cuando ya se llevan cerca de tres meses de clase (y no digo nada de cuando se producen a final de curso), así que he fingido no darme cuenta y he seguido con lo que estaba explicando. Cuál no habrá sido mi asombro al ver que el alumno en cuestión se dirigía a sus compañeros con expresivos gestos para que le aclararan cómo me llamaba yo. Y lo peor: varios alumnos más manifestaban tener la misma duda.

miércoles, 6 de diciembre de 2017

FUERA DE CATÁLOGO

En estos tiempos de comunicaciones instantáneas y accesos remotos a cuanto se desea, en que el lector impaciente puede obtener a un golpe de ratón el libro que se le ha antojado a los pocos segundos de sentir el impulso de leerlo, resulta especialmente descorazonador encontrarse en la pantalla del móvil o del ordenador, en la página web de la editorial o de la plataforma de venta correspondiente, con un mensaje conciso, infranqueable, contra el cual se estrellan todos los deseos imperiosos de leer: no disponible.

domingo, 3 de diciembre de 2017

LOS CUADROS DE NOVIEMBRE (2017)

Hace unos días se produjo el cambio al horario de invierno. Consecuencia: desde el domingo pasado, la noche cae con una precipitación (para mí) insoportable. Para consolarme, recurro a la pintura; no es la primera vez. El pintor japonés Eijiro Kobayashi recoge toda la belleza y el misterio del ambiente nocturno en Noche de verano en el río Sumida. Este artista que desarrolla su actividad a comienzos del siglo XX conserva, pese a ello, los elementos tradicionales de la pintura de su país: delicadeza, precisión en el dibujo, exquisito cuidado de la composición. Sus paisajes parecen a primera vista indistinguibles de los de autores más antiguos, como Hiroshige y Hokusai, pero ciertos rasgos delatan su modernidad, como el variado tratamiento de las siluetas en el contraluz, que va desde el negro cerrado de la figura femenina del primer plano al gris de las barcas y sus ocupantes situados en un punto más alejado. La consecuencia es el logro de una profundidad que lo separa del efecto plano de las estampas japonesas tradicionales. Cuestiones técnicas aparte ―o tal vez gracias a ellas―, Kobayashi es un maestro en la creación de paisajes crepusculares, habitados por personajes de los que sólo se nos muestra la silueta y presididos por focos de luz que se erigen en protagonistas. Contemplando este, me parece captar el frescor del agua y oír los plácidos ecos de las barcas al deslizarse sobre la superficie tranquila del río. ¿Y qué decir de la preciosa rama de árbol que se recorta frente a la luna? Pura poesía en imágenes.

jueves, 23 de noviembre de 2017

lunes, 20 de noviembre de 2017

CUADROS FUGITIVOS

No hay como pedir ayuda. Ayer por la mañana publiqué en este blog la entrada Se busca autor, en la cual manifestaba mi incomodidad por no haber sido capaz de identificar tres fragmentos de cuadros que aparecían en un vídeo dedicado a los detalles en la pintura. Pedía colaboración y la tuve, más rauda y eficaz de lo que me había atrevido a soñar: dos sagaces investigadores acudieron a mi reclamo (no era la primera vez que lo hacían) y pusieron en poco tiempo punto final a mi incertidumbre. Dije que publicaría los resultados en una nueva entrada y aquí están, que lo prometido es deuda.

domingo, 19 de noviembre de 2017

SE BUSCA AUTOR

Todo empezó como un juego. Hace algo más de una semana, compartí en Facebook un vídeo que una amiga había publicado en su muro. El vídeo en cuestión, cuya procedencia es la página titulada RestaurArs, dura poco más de un minuto; en ese breve tiempo, detalles de cuadros desfilan por la pantalla, al ritmo del celebérrimo Bolero de Ravel. He dicho detalles, pero tal denominación se me queda corta en algún caso, ya que se nos presentan elementos de muy reducido tamaño, que ocupan un espacio mínimo en la composición a la que pertenecen. Otros son rostros o figuras de personajes, algunos de ellos sobradamente conocidos. Se trata, en definitiva, de un vídeo atractivo para los que, como yo, disfrutan acercándose a los cuadros ―a veces, con cierto sobresalto de vigilantes de museo― para ver de cerca la expresión de los retratados o fijarse en los elementos secundarios.

martes, 14 de noviembre de 2017

LA MUERTE Y LA PRIMAVERA

Cuando Mercè Rodoreda murió en 1983, estaba trabajando en una novela titulada La muerte y la primavera, que dejó inconclusa. Es fácil pensar que una obra que queda incompleta tras la desaparición de su autor es un proyecto de los años finales de este, una especie de testamento que queda truncado. No es así en este caso: dos décadas antes, en 1961, cuando aún no se había publicado La plaza del diamante, Mercè Rodoreda envió una primera versión de La muerte y la primavera para su participación en el Premio Sant Jordi, uno de los más prestigiosos para novelas en lengua catalana. Así se lo contó ella misma por carta a su amigo Joan Sales, poeta y editor, además del auténtico descubridor del talento de esta autora. En otra carta con el mismo destinatario, Rodoreda explicaba que se trataba de una novela «terriblemente poética y terriblemente negra. Con mi estilo de ahora: en primera persona y procurando decir las cosas de la manera más pura e inesperada. Será una novela de amor y de soledad infinitas».

jueves, 9 de noviembre de 2017

BICICLETAS ROTAS

Llevo más de una semana con la canción de Tom Waits Broken bicycles alojada en mi cerebro. No es algo extraño, teniendo en cuenta que se trata de una de mis canciones favoritas, pero lo cierto es que hacía tiempo que no la escuchaba. Tengo ciertos problemas con la música y las reacciones emocionales que me causa, y en consecuencia huyo de las piezas que me arrastran con demasiada fuerza hacia el terreno de la melancolía. Porque no hay canción más triste ―y pocas más hermosas― que ésta.

jueves, 2 de noviembre de 2017

LOS CUADROS DE OCTUBRE (2017)


El pintor estadounidense de origen danés Soren Emil Carlsen (1853-1932) es un hábil captador de la singularidad y la belleza de las cosas pequeñas. Entre sus cuadros hay un gran número de naturalezas muertas en las que recipientes, flores, frutos y prendas de vestir nos saludan desde ese puesto en la eternidad que algunos artistas se molestan en otorgar a los detalles en principio intrascendentes. Aparte de su indudable habilidad para reflejar los distintos materiales y texturas, cualidad fundamental en un pintor de bodegones, Carlsen tiene ese añadido que sólo unos pocos consiguen: la capacidad de dotar de alma a los seres inanimados que pueblan sus composiciones. Dentro de sus obras de este tipo, me gustan especialmente varias que tienen como elemento central un abanico. No nos engañemos: los objetos como este, accesorios y vinculados por la tradición literaria y teatral a temas sentimentales, despiertan de forma automática el interés del espectador. Ubicado en un espacio abstracto y con la única compañía de un pequeño jarrón, este abanico que ocupa la parte central del lienzo nos parece el testigo de múltiples aventuras, el recuerdo de innumerables lances amorosos. Pero es, además, gracias a los pinceles de Carlsen, un objeto bello en sí mismo, parte de un universo de armonía cromática de increíble exquisitez. Los objetos con alma y presencia, pero también los objetos reducidos al mero goce de sus formas y colores: un detonante para la imaginación del que los contempla, pero también para el disfrute de sus sentidos.

domingo, 29 de octubre de 2017

POR LA ESCALERA DE AOMAME

Desde hace tres meses, vivo muy cerca del centro de Madrid. Mi percepción de que vivo “muy cerca” y no en el mismo centro viene dada por una cuestión más subjetiva que medible en términos físicos: basta decir que en un par de minutos me planto todas las mañanas en la Gran Vía y, mientras espero algo aturdida por el sueño a que se abra el semáforo, contemplo maravillada la novedad de empezar la jornada en ese paisaje urbano. He pasado de ver amanecer a diario en la carretera a saltar de la cama y encontrarme inmersa en un cuadro de Antonio López.

domingo, 22 de octubre de 2017

PRIMICIAS DEL OTOÑO

La mañana del pasado miércoles, el otoño me saludó dando golpecitos en la ventana de mi alcoba. Como unos dedos tamborileando sobre el cristal, las gotas de lluvia se esmeraron, cristalinas y metódicas, en despertarme. Se adelantaron por poco al ruido del despertador. Fue, desde luego, un despertar mucho más agradable.

jueves, 12 de octubre de 2017

MIS FOTÓGRAFOS (XIV)


Sirviéndose de recursos que confieren a sus imágenes un indudable carácter pictórico, la fotógrafa búlgara Katia Chausheva es autora de un mundo íntimo y delicado, con frecuentes toques oníricos. Sus creaciones me resultan todas ellas inspiradoras, pero no he dudado en elegir la que encabeza estas líneas, que, por su parecido con ciertas escenas de mis sueños, me produce por ello una doble sensación de extrañamiento y cercanía. Gracias a una exposición múltiple, Chausheva sitúa en el escenario del bosque a un caballo que no debería estar allí y que avanza, fantasmal e imparable, por un curioso camino empedrado. Todo en este bosque es simétrico, extrañamente quieto y ordenado: los troncos en perfecta verticalidad, el sendero que se quiebra en ángulos para adentrarse en la niebla. Es un paisaje compuesto a base de elementos que no casan del todo; el equilibrio de las líneas y el ambiente sombrío son percepciones opuestas, que chocan en nuestro cerebro acostumbrado al imaginario tenebroso heredado de románticos y surrealistas. Somos claramente espectadores no implicados en la escena (el camino se desvía hacia nuestra derecha y no nos invita por ello a adentrarnos en el bosque, el caballo está a punto de pasar de largo a nuestro lado), pero aun así es inevitable que busquemos un sentido a esta visión inquietante, que estamos abocados a contemplar desde fuera, sin comprender su alcance.

martes, 3 de octubre de 2017

LOS CUADROS DE SEPTIEMBRE (2017)

Tengo la costumbre desde hace años de saludar el reinicio de las clases trayendo a esta sección un cuadro relacionado con la enseñanza. Para este mes de septiembre, que por mis circunstancias personales tiene una doble condición de principio (al habitual comienzo de curso se une mi incorporación a un instituto nuevo), he elegido una obra que me parece especialmente adecuada; una obra que habla del miedo ante lo desconocido y del valor para afrontar las novedades, y que se sitúa, de la forma más gráfica y expresiva posible, en un umbral. La pintó el artista ruso Nicolay Bogdanov-Belski a finales del siglo XIX y lleva el título de A las puertas de la escuela. No fue la única vez que este pintor llevó al lienzo un motivo semejante; se trata de un artista especializado en la pintura de género, que retrató la sociedad de su época centrándose en el mundo de la infancia y las clases humildes. A las puertas de la escuela es una obra que me resulta conmovedora. Asistimos a la entrada en clase de un alumno al que presuponemos nuevo por su actitud de indecisión. Ha llegado tarde y observa desde la puerta a sus compañeros, ajenos a su presencia y embebidos ya en sus tareas. La situación no tendría más trascendencia de no ser por la indumentaria del recién llegado, vestido con ropas andrajosas y pertrechado con unas bolsas mugrientas en las que lleva sus utensilios. Este niño humilde que no se decide a entrar y que observa la escena escolar sujetando en la mano su gorro con gesto respetuoso me parece un símbolo de muchas cosas: de la cruel desigualdad que margina a muchos desde la infancia, de los obstáculos en apariencia insalvables, del miedo a afrontar las dificultades de la existencia. Da la impresión de que un abismo imposible de franquear separa a este muchacho de los otros, los integrados, los que han llegado a tiempo de traspasar el umbral. Pero si miramos con atención, descubriremos un detalle que nos tranquilizará: uno de los chiquillos sentados en la primera fila tiene los pies descalzos; nuestro recién llegado será sin duda admitido en esta aula que acoge a todo tipo de alumnos, sin atender a su condición social. Con su estilo realista y emotivo, Bogdanov-Belski hace un hermoso canto al poder de la educación para superar obstáculos y acortar distancias entre individuos. Precisamente eso en lo que creemos los que septiembre tras septiembre emprendemos con energía el curso que comienza.

jueves, 28 de septiembre de 2017

MIS ESPEJOS ROTOS

Un amigo me contó hace tiempo que su mala memoria para los títulos le trae una consecuencia indeseada, aparte de la lógica dificultad para dar su opinión en conversaciones sobre literatura: le ha ocurrido más de una vez comprarse un libro que ya había leído porque el título no le resultaba familiar. Yo de momento no me he visto en esa situación, pero sí me ocurre tener en mis estanterías varias ediciones de la misma obra. Me sucede con los libros que amo de forma especial, que compro repetidas veces con cualquier excusa o que me regalan las personas que me conocen bien. Me sucede, como no podía ser de otra forma, con mi novela favorita de Mercè Rodoreda (que es lo mismo que decir una de mis dos o tres novelas favoritas, en términos absolutos): Espejo roto.

jueves, 21 de septiembre de 2017

LECTURAS DEL PASADO VERANO (2017)

A veces, el infierno puede adoptar las limitadas dimensiones de una vivienda familiar; es lo que Georges Simenon demuestra en esta novela concisa y terrible. La casa de las hermanas Lacroix es un poderoso símbolo de la crudeza de las relaciones humanas basadas en el resentimiento, enquistadas a lo largo de los años y encerradas en los límites de un espacio reducido. Las protagonistas comparten al mismo hombre como marido y amante, y se profesan un odio que las mantiene vivas desde hace décadas y que da sentido a su estrecha relación. Tiene especial fuerza la imagen de la familia compartimentada; varios de sus miembros aparecen confinados en un espacio que les es propio y del que apenas salen: el padre en su taller del desván, la hermana mayor en su despacho, la menor en las estancias de labores domésticas, la hija de ésta en su dormitorio de enferma. Frente a ellos, los dos hijos sanos, que huyen de la casa a la menor oportunidad y recorren un mundo exterior del que sólo tenemos referencias. Simenon crea un universo claustrofóbico, del que no es posible encontrar la salida, y lo describe con mano firme y estilo escueto, obviando las explicaciones innecesarias. Es tarea del lector descifrar los gestos y palabras, al principio enigmáticos, de esta comunidad humana condenada a la convivencia.

domingo, 10 de septiembre de 2017

EN LA CALLE

Una de las cosas buenas ―de las muchas― que saqué de la exposición Retratos de la Fundación Mapfre el pasado mes de julio fue redescubrir a Joan Colom. No digo “descubrir”, porque las imágenes de este fotógrafo que retrató hasta la extenuación el Raval de Barcelona son sobradamente conocidas, aunque no siempre se asocien al nombre del individuo tranquilo y discreto que fue su autor.

martes, 5 de septiembre de 2017

TAN CERCA DE AUSTER

A unos pocos metros, de hecho. No sabría decir cuántos (¿cinco?, ¿diez? La capacidad espacial no es, desde luego, mi fuerte). Pero el caso es que esta tarde he pasado una hora larga sentada en las proximidades de uno de los novelistas vivos a los que más admiro, escuchando sus reflexiones acerca de la escritura y la vida, que vienen a ser en él una misma cosa.