lunes, 21 de julio de 2014

A LOS PIES DE CARAVAGGIO

Me encanta comprobar cómo los artistas dejan constancia de su personalidad en sus obras, tanto por lo que reflejan como por lo que omiten. El pintor francés Henri Rousseau, por ejemplo, era un empleado de aduanas que no salió nunca de su país pero que pobló sus lienzos de extraordinarios paisajes exóticos que no conoció. Sus deliciosos cuadros de tigres en la selva y de encantadoras de serpientes nos desvelan al intrépido viajero que solo pudo ser mediante el vuelo de su imaginación. Opuesto es el caso del pintor sobre el que trata esta entrada; basta ponerles la vista encima a la mayoría de sus obras para percibir una corriente de energía desbocada, una violencia que salta por encima de las convenciones y que se acerca de forma peligrosa al límite de lo permitido. Y echando un vistazo a la biografía de su autor, uno se encuentra una personalidad en consonancia con ese despliegue de pasiones: un tipo visceral, de vida breve y tumultuosa, tan amigo de los pinceles como de las reyertas, frecuentador de tabernas y compañero de tipos atrabiliarios a los que solía utilizar como modelo para los hombres santos que eran el principal tema de su pintura.

sábado, 12 de julio de 2014

LO QUE VEO DESDE MI TERRAZA

Una de las más certeras presentaciones de un personaje que recuerdo haber leído la realiza Clarín en la archiconocida escena inicial de La Regenta. En ella nos introduce la figura de Fermín de Pas, el Magistral ambicioso que oculta bajo sus vestimentas clericales pulsiones demasiado humanas, y nos lo muestra encaramado a la torre de la catedral de Vetusta, oteando la ciudad como si de una posesión se tratara, meditando sobre su trayectoria ascendente y despreciando a los vetustenses igual que a insectos sometidos a su inspección. El novelista no gasta palabras para retratar la altanería y el afán de dominar de su protagonista; al lector le queda tan claro, que almacenará en el recuerdo esta imagen del Magistral mirando sus dominios desde el campanario y la conservará mucho tiempo después de que la mayoría de los detalles de esta novela densa y terrible se hayan borrado de su memoria.

sábado, 5 de julio de 2014

DIÓGENES EN EL ASCENSOR

Ya he comentado alguna vez en este espacio mi limitada capacidad para el pensamiento abstracto, que cuando era estudiante me causó no pocos problemas con la asignatura de Filosofía. Los grandes conceptos me sumían en el desconcierto y con frecuencia echaba mano de la memoria para almacenarlos sin necesidad de acudir al filtro de la razón. Como me resultaba una tarea bastante penosa, guardo un recuerdo agradecido de los personajes peculiares que salpicaban las ―para mí― abstrusas páginas de mi libro de Historia de la Filosofía y me permitían fantasear con sus anécdotas y sus comportamientos originales. Entre todos ellos, brillaba de forma especial un tipo pintoresco que vivía en una gigantesca tinaja y que recorría las calles de Atenas lanzando verdades ingratas a la cara de sus habitantes.

jueves, 3 de julio de 2014

LOS CUADROS DE JUNIO (2014)

La pintora estadounidense Georgia O’Keeffe (1887-1986) es autora de una obra que reduce la realidad que la circunda a un juego de ritmos y colores en el que el tema pasa a ser un elemento secundario y las formas se adueñan por completo del lienzo. El mundo vegetal y los edificios son los principales motivos de su inspiración, pero sus plantas y paisajes adquieren una extraña condición, a medio camino entre lo animado y lo inanimado, como si el universo fuera un gigantesco organismo de cuyos miembros esta artista fuera dando cuenta en cuadros sucesivos. A mí me agrada especialmente éste titulado Calle de Nueva York con luna. Una sucesión de círculos ―el semáforo, la farola, la luna― forman la línea central en torno a la cual se articula esta representación esencial de la noche. Los rascacielos reducidos a sus formas básicas, la vertiginosa perspectiva, el cielo recortado con diáfana perfección y el mar de nubes trazado con detalle casi infantil: O’Keeffe ha hecho una síntesis de un nocturno urbano. Este cuadro me gustó tanto la primera vez que lo vi en el Museo Thyssen que compré a la salida un póster que desde entonces adorna mi salón. No me canso de contemplar su certera composición, la preciosa gradación de colores del cielo que va desde el azul intenso hasta el halo rojizo de la luz eléctrica. Incluirlo aquí me produce más que nunca la sensación de que este blog es una prolongación de mi casa.

martes, 24 de junio de 2014

NOCHES DE SAN JUAN

Tengo recuerdos variados, algunos bastante atractivos, de la noche de San Juan. Uno de los más antiguos me obliga a retroceder veinte años. Acababa de terminar mis estudios de Arte Dramático y el profesor de interpretación nos invitó a todos sus alumnos a pasar el día en su casa de la sierra de Madrid. Como el profesor en cuestión es levantino y la excursión coincidió con la víspera de San Juan, a la puesta de sol encendió una hoguera en el jardín y se puso a saltar por encima de ella. Aunque he tenido contacto posterior con algunos de mis compañeros, es mi último recuerdo de aquel grupo con el que había compartido tres intensos años de mi vida reunido en su totalidad: el profesor y varios valientes saltando por encima de las llamas. No todos los colectivos de los que he formado parte tienen la suerte de haber quedado fijados en mi recuerdo con una imagen tan hermosa.

sábado, 21 de junio de 2014

LECTURAS DE LA PASADA PRIMAVERA (2014)

Lo he confesado en más de una ocasión: no leo tanta poesía como debiera. La tentación de abrir un libro de narrativa para escuchar una voz que me cuente una historia es demasiado grande y casi siempre me cuesta vencerla. Pese a ello, la poesía sale a mi encuentro en sitios inesperados. Así me ha sucedido con este libro de relatos de Eloy Tizón que responde al título ―tan cortazariano― de Velocidad de los jardines. Eloy Tizón es un escritor del que he oído hablar en los últimos tiempos con auténtica fascinación. Basta meter su nombre en un buscador de Internet para encontrar reseñas y comentarios de sus libros, escritos por lectores rendidos ante su originalidad. Velocidad de los jardines fue su primera obra publicada y es un libro de cuentos breves que esconden constantes sorpresas. Nada parecido a una narración convencional con su línea argumental y sus personajes definidos. Las voces narrativas se superponen, los límites del tiempo se vulneran con total libertad. El lenguaje es de un preciosismo y una precisión propios de un poeta. Tizón no es un autor para lectores convencionales; sus relatos desconciertan, aturden, juegan a despistar, recompensan siempre con la belleza de su prosa y la alucinante capacidad de sugerencia de sus imágenes. Dejo aquí como ejemplo un precioso pasaje extraído del relato Los viajes de Anatalia, que habla del amor a los libros surgido en la infancia: «De pequeño soy Julio Verne. Mi soledad y mi cuarto se van poblando de mástiles y planisferios, de planetas sumergidos y resacas, de maderas encalladas. En mi escritorio suceden furiosísimos motines, naufragan los batiscafos, mi cama es una isla que se desplaza. El correo del zar cruza la estepa, no hay tiempo, van a matarlo, y la primera comunión, estarás contento, ya está tan cerca».

viernes, 20 de junio de 2014

SOLTAR LASTRE

Todos los finales de curso me acuerdo mucho de Robert De Niro. No interpretando al patriarca de la familia Corleone ni al taxista justiciero que quiere limpiar las calles de Nueva York, ni caracterizado de Al Capone ni de monstruo de Frankenstein. Lo recuerdo con el pelo largo y una vestimenta ligera, arrastrando trabajosamente por ríos y pendientes una cesta que contiene los instrumentos de su vida anterior.

miércoles, 11 de junio de 2014

DURANTE LA TORMENTA

El mundo se desmantela un tanto cuando en la placidez de una tarde como la de hoy, casi de verano, se produce una tormenta. Es un momento de desconcierto. El paseante salió de casa con indumentaria ligera y los pies al aire, los muchachos andaban celebrando por las calles la inminente llegada de la libertad, familias con niños pequeños habían tomado posesión de los parques. Y de repente, los signos del descalabro: el cielo de color plomo, el viento que arrastra objetos inesperados, el horizonte cerrado, el olor a humedad en el aire. Los viandantes se miran, sorprendidos. Revolotean los tejidos de sus ropas y el pelo revuelto les azota la cara. Es como si un ser superior diera la señal desde arriba: hay que echar a correr. La mayoría no consigue salvarse de la cortina de lluvia.

miércoles, 4 de junio de 2014

LOS CUADROS DE MAYO (2014)

Con frecuencia me sucede reconocerme en las creaciones ajenas cuando leo, pero dicho fenómeno es mucho menos habitual cuando me enfrento a obras pictóricas. Será tal vez porque me cuesta imaginarme como autora en esta última faceta artística. Pero en este caso lo tengo claro: la primera vez que vi un cuadro del pintor francés Sam Szafran, pensé que, si yo supiera pintar, sin duda sería ese el producto de mis pinceles. Se trataba del lienzo titulado L’escalier, 54 rue de Seine, el cual, a  pesar de la precisa localización de su título, refleja un espacio que más parece pertenecer al ámbito del pensamiento que al de la realidad. Es una de las incontables escaleras que pueblan el imaginario de este artista sugerente, todas ellas caracterizadas por la perspectiva aberrada, por la multiplicidad de puntos de vista simultáneos, que producen la sensación de estar a la vez dentro y por encima del espacio físico representado, como si lo sobrevoláramos en un sueño. Yo llevo toda la vida soñando con escaleras de caracol; por eso me apresto a subir a torres, a sacarles fotografías, a coleccionar imágenes que las contengan. Me gustan como elemento estético pero también por la sensación de tránsito que transmiten, de acceso a algo distante o de regreso a lo profundo de uno mismo. Si tuviera el más mínimo talento plástico, sin duda las pintaría. Me encantaría saber de dónde salen estas escaleras vertiginosas e inquietantes de los cuadros de Szafran; tal vez él también las haya soñado. Busco información sobre este artista y descubro que nació en 1934 y sigue vivo; no pierdo la esperanza de que algún día me lo cuente en persona.

miércoles, 28 de mayo de 2014

MIS FOTÓGRAFOS (VII)

Hay imágenes que cuentan toda una historia. El fotógrafo ruso Dmitri Baltermants (1912-1990) documentó con valentía y sensibilidad las campañas militares de su país durante la II Guerra Mundial. En 1945 capta esta singular escena de un grupo de compatriotas unidos por la música en las ruinas de un edificio y la bautiza con un título que lo dice todo con una sola palabra: Tchaikovsky. El inusitado contraste entre lo desolado del escenario y la plácida actividad de los soldados; la iluminación lateral, de carácter claramente pictórico; la presencia de objetos hermosos ―el piano, el jarrón con flores―que remiten a una vida apacible, en las antípodas de la guerra; las resonancias que despierta en nuestra mente el apellido del gran compositor: todo contribuye a dotar a esta imagen de una fuerte carga emotiva. Los soldados reunidos en torno al instrumento musical nos parecen un oasis en medio de la barbarie y el horror. Es increíble que aún conserven su capacidad para dedicarse a una de las más hermosas manifestaciones del ser humano, igual que lo es que el piano haya sobrevivido al hundimiento de la casa que lo albergaba. Estos hombres que aparcan un instante las armas y este piano milagrosamente intacto son unos supervivientes en medio de un mundo que se desmorona.

sábado, 24 de mayo de 2014

PAN Y FÚTBOL

No me gusta el fútbol. Casi siento miedo de decirlo en voz alta y tal vez por eso lo escribo. No es que me moleste o lo rechace; es que en mi universo no existe, ni siquiera como simple espectáculo. Hay demasiadas cosas que me gustan y llenan mi tiempo. Los libros, el arte, la danza, el teatro. Los animales, el cine, los viajes. Las plantas, las puestas de sol, el maravilloso vaivén del mar. Las historias que me cuentan los niños. Las que me cuenta la gente en general. Pasear por la ciudad y por los parques. El dibujo de las aves por el cielo. Los cuerpos celestes y sus misteriosos nombres. El día tiene 24 horas que se repiten un número ―me parece a mí― no demasiado elevado de veces a lo largo de una vida. No tengo tiempo para contemplar las evoluciones de dos formaciones de individuos musculados que se disputan una esfera como si no hubiera mañana. Y mucho menos tengo tiempo de convertirlos en tema central de mi conversación ni de mis pensamientos. Todo lo anterior es una simple cuestión de preferencias y no tiene importancia alguna, pero en días como hoy, en que parece que la realidad y el destino universal se circunscriben al dibujo trazado por veintidós pares de piernas sobre un campo de césped, me produce una indescriptible sensación de soledad.

lunes, 19 de mayo de 2014

EL DON DE VOLAR

Si el proverbial genio de la lámpara se me apareciera para ofrecerme uno de sus dones, seguramente una avalancha de deseos produciría un cortocircuito en mi cerebro. ¿Qué pedir? ¿El talento de Rembrandt? ¿La facilidad para fabular de García Márquez? ¿La felicidad (suponiendo que sea posible)? O tal vez todo sería más sencillo si me dejara llevar por la niña que aún habita en mí y buscara satisfacer el más temprano de mis afanes: el deseo de volar.

miércoles, 14 de mayo de 2014

EL INSTANTE DE LA FELICIDAD

Decía mi profesora de literatura de B.U.P. que para escribir sobre un hecho o un sentimiento hay que tener la perspectiva que proporciona una larga distancia de años. Aquella afirmación se daba de bruces con la imagen, tan querida para mi imaginación de adolescente romántica, del escritor desmelenado sobre el papel, dando salida a las emociones que le atenazan el alma en ese preciso momento. Era, además, pedirme demasiado: ¿tenía que esperar años largos como eternidades para que mis vivencias alcanzaran forma literaria? Resultaba un aplazamiento inconcebible para la joven vehemente que era yo (¿quién no lo es a esa edad?).

sábado, 10 de mayo de 2014

CEMENTERIOS

Hace unos meses, una conocida me contó que acababa de regresar de un viaje a Praga. ¡Praga! Mi mente se llenó de imágenes que me hicieron perder por un instante el contacto con la realidad que me rodeaba. El Callejón Dorado con sus casitas inverosímiles. El Moldava saliendo al encuentro a cada instante, con su curso majestuoso y su aliento helado. Las innumerables sinagogas en las que husmear. El ruido de pasos sobre la nieve de los soldados que venían a relevar a sus compañeros de guardia en el castillo… Pero, cosa curiosa, lo que me salió decir fue: «¡Ah, el Cementerio Judío! ¡Es lo que más me gustó de Praga!» Regresé de golpe al mundo real y me encontré con la cara de estupor de mi interlocutora. «¿Un cementerio?”, repitió, descolocada. «¿Eso es lo que más te gustó? ¿Los muertos?»

sábado, 3 de mayo de 2014

LOS CUADROS DE ABRIL (2014)


En estos días primaverales de frecuentes chubascos, me acuerdo a menudo de esta archiconocida obra de Gustave Caillebotte, la más deliciosa plasmación que conozco de la lluvia en el entorno urbano. Poco se puede decir de un alarde tal de armonía cromática, de semejante despliegue de destreza por parte del artista. La plasmación del velo sobre el rostro de la mujer en primer término es una auténtica proeza; cualquiera de los adoquines mojados del suelo podría ser un cuadro por sí solo. Es un maravilloso entretenimiento observar los detalles que componen esta escena ciudadana, comparar las figuras de los viandantes, todo un muestrario de actitudes frente al clima adverso: el que camina con cuidado mirando al suelo, el que ha olvidado el paraguas, el que traslada una escalera y no se puede ocupar de cubrirse, la que se recoge la falda para bajar la acera, el que pasea en pareja con la placidez de quien disfruta de una jornada espléndida. Iba a decir que este Día de lluvia en París es de esos cuadros que invitan al espectador a saltar a su interior e incorporarse al paisaje, pero rectifico sobre la marcha: basta detenerse a contemplarlo unos instantes para tener la sensación de ser ya parte de él, de estar caminando por la acera del bulevar parisino tras el hombre corpulento que se escapa por el ángulo derecho, de ir a intercambiar miradas y saludos con la pareja joven que camina hacia nosotros mirando de momento en otra dirección, pero que sin duda está a punto de reconocernos y dedicarnos una sonrisa y una inclinación cortés de cabeza.

jueves, 1 de mayo de 2014

TRENES A PUNTO DE PARTIR

La última película del director danés Bille August es un maravilloso periplo hacia el pasado, hacia el secreto de las vidas ajenas y hacia el conocimiento de uno mismo. Ya el título anuncia ese trayecto que el espectador puede emprender si, como el protagonista, está dispuesto a subirse a un tren que se encuentra a punto de partir en los primeros fotogramas del film. La perspectiva que se abre es la de un viaje nocturno, un misterio que resolver y una hermosa ciudad. Todo ello, de la mano del actor Jeremy Irons. Supongo que no seré la única: a mí no se me ocurre un plan mejor.

sábado, 26 de abril de 2014

COMPRAR UN LIBRO

Por una serie de motivos en los que se mezclan la cuestión económica, la falta de espacio y una irritante tendencia a las mudanzas, desde muy jovencita he buscado con más frecuencia saciar mi afán lector en bibliotecas públicas o de mis lugares de estudio que por medio de la compra en librerías. Hay, además, una razón psicológica: me resisto a adquirir un libro que ignoro si va a ser de mi agrado y a guardarlo luego en una estantería, tal vez con la penosa impresión de que no voy a volver a abrirlo nunca más. Mi biblioteca se iría transformando así, me parece, en un museo de letras muertas, en un almacén de cadáveres. Cuánto mejor es hacerse con esa obra que ya hemos leído y que nos ha emocionado, conmovido, aportado nuevos puntos de vista o confortado por reforzar los nuestros. En ese caso, uno se trae a casa un invitado querido, con el que se tiene la certeza de que se compartirán buenos ratos en el futuro.

miércoles, 23 de abril de 2014

LOS CHICOS LISTOS LEEN LIBROS

Hace unos días, un compañero de instituto tuvo que dirigirse a mí por motivos laborales en plenas vacaciones. Debió de considerar que su gesto era una intromisión intolerable en mi tiempo libre, así que para granjearse mi benevolencia adjuntó a su mensaje una fotografía sacada por él mismo y que juzgó que sería de mi agrado. En ella se ve un cartel pegado al escaparate de una librería. El cartel en cuestión es el primer plano en blanco y negro de un graciosísimo niño que sonríe a la cámara y que, a juzgar por la textura de la imagen, debió de abandonar el feliz territorio de la infancia hace ya mucho. El crío tiene una expresión vivaz encantadora y lleva unas gafas redondas que, como suele suceder en esas edades, no están precisamente derechas. Al pie de la foto aparece un mensaje contundente: «Los chicos listos leen libros».

viernes, 18 de abril de 2014

EL DÍA EN QUE CONOCIMOS MACONDO

Siempre que desaparece un gran artista, se produce la inevitable cadena de comunicados oficiales, el coro de gerifaltes compitiendo con sus exaltadas y curiosamente intercambiables manifestaciones de aprecio y consternación. «Qué gran hombre, qué gran mujer, enorme pérdida, maravillosa obra, hueco irreemplazable», y uno tiene la inevitable sospecha de que el que habla tal vez denostara la obra del arquitecto, avanzara trabajosamente y por obligación por las páginas del literato, sintiera indiferencia frente a las creaciones del cineasta o el trabajo del pintor hasta que el personaje alcanzó la condición de muerto glorioso. Ayer se terminó de extinguir la llama de Gabriel García Márquez, esa que llevaba ya tiempo sobrecogiéndonos con su débil titilar, y hoy los titulares de periódicos y telediarios se pueblan de grandilocuentes recordatorios, las redes sociales tiemblan de emoción. Jefes de estado, ministros, miembros de familias reales, periodistas, escritores, figuras públicas y famosos varios: ¿alguien da más, en esta competición por formular el más redondo homenaje póstumo?

jueves, 17 de abril de 2014

EL GÉNESIS SEGÚN SALGADO

Si tuviera que hacer una lista de los personajes vivos a los que más admiro, sin duda estaría incluido en ella este fotógrafo brasileño que lleva décadas viajando cámara al hombro para dejar testimonio de lo más sublime y lo más abyecto de nuestro planeta. Con su limpio y expresivo uso del blanco y negro, este hombre consigue obtener imágenes hermosísimas incluso en las situaciones más extremas y terribles; pero eso no quiere decir que su objetivo mienta, ni que sea un piadoso enmascarador de realidades dolorosas. Gracias a Sebastiao Salgado, sabemos de las intolerables condiciones de vida de los trabajadores de Serra Pelada, nos hemos estremecido con la sonrisa de pequeños amputados por las minas, hemos buscado la mirada amorosa de un bebé hacia su madre como único asidero en medio del horror de un campo de refugiados. Ahora Salgado nos asombra con su sabia mirada sobre un mundo virginal, anterior a la civilización, lleno de bellezas primigenias pero también de la dureza de lo salvaje. Se trata de su último proyecto, titulado Génesis, una muestra del cual se expone estos días en CaixaForum de Madrid.