miércoles, 13 de mayo de 2015

TRAZOS ANÓNIMOS

Como ocurría con los viejos maestros que no firmaban sus obras y de los cuales la posteridad apenas conoce el nombre de pila o su lugar de origen, existen en la actualidad artistas cuya identidad permanece oculta. Realizan sus obras furtivamente y las firman con nombres ficticios; corren teorías encontradas sobre sus personalidades, lo cual acrecienta el interés en torno a ellos. No se trata, como en el caso de los antiguos pintores medievales, de humildes artesanos sin ansia de gloria que desarrollaban su tarea en el más modesto de los anonimatos. Son oscuros pero gustan de saltar a la palestra, son un enigma y a la vez un espectáculo, son estelares a su opaca manera. En su momento formaron parte de un movimiento marginal pero en los últimos años han entrado con fuerza en el mercado del arte, lo cual choca frontalmente con su esencia primera. Son los antiguos grafiteros, reconvertidos en estrellas. Habrá que cambiarle el nombre a su actividad. Démosle la bienvenida al arte urbano.

lunes, 4 de mayo de 2015

LOS CUADROS DE ABRIL (2015)

Vencido es el título de este cuadro del pintor estadounidense George Hitchkock (1850-1913). Sería imposible encontrar otro título mejor: la obra recoge toda la tristeza del fracaso, el profundo desaliento del que abandona la lucha tras contemplar el naufragio de sus expectativas. Lo que presta singularidad al cuadro y atrajo mi atención de inmediato cuando hace unos pocos días lo contemplé en una exposición es lo inesperado del emplazamiento en el que se desarrolla la escena: esa hermosa extensión cubierta de flores que es la antítesis de un campo de batalla y que contrasta por su colorido con el desconsuelo del protagonista. Por la información que he reunido sobre este pintor al que desconocía hasta ahora, Hitchkock desarrolló gran parte de su carrera en Europa, especialmente en Holanda, como resulta obvio por la ambientación y la indumentaria del soldado, que nos remite a una imprecisa guerra de la antigüedad. Este pintor fue además un excelente paisajista, y es precisamente su sabiduría en la plasmación de la naturaleza lo que dota a este cuadro de un encanto especial. No me caracterizo precisamente por mi ardor patriótico, pero aun así me conmueve este joven desesperanzado que hunde la cabeza en el pecho y arrastra por el suelo su estandarte en un gesto de melancólica derrota. A mí esta escena me habla de un fracaso que va más allá de lo puramente bélico: el hermoso campo que es testigo de su retirada me parece un símbolo de lo inalcanzable, de la felicidad por cuya consecución se ha luchado y a la que finalmente no queda más remedio que renunciar. 

domingo, 3 de mayo de 2015

DÍAS DE LIBROS

Para mí, el mes de abril suele ser un mes de locos. Siento por ello gran simpatía por la fiesta dedicada a las bromas y la celebración de lo absurdo que ciertos países, especialmente los de la órbita anglosajona, sitúan el primero de abril. Me parece una fecha mucho más adecuada que la de su equivalente en los países hispanos, el 28 de diciembre, festividad asociada a esa truculenta matanza de niños que es, en mi opinión, la historia más terrible ―y eso que hay donde elegir― que contiene la Biblia. Por razones derivadas de mi trabajo y mis circunstancias personales, abril es para mí el mes de las carreras, los agobios, los despistes y las anécdotas divertidas; de la actividad frenética y de la falta de tiempo para pensar. No es extraño que, con semejante panorama, se me pasara el Día del Libro de este año sin escribir ni una línea al respecto en este blog.

lunes, 13 de abril de 2015

COMPAÑEROS DE VIAJE

La muerte, igual que lo hace la vida, crea curiosos compañeros de viaje. No lo pensamos con respecto a esa masa anónima que parte a diario con un rumbo desconocido que pretendemos olvidar los que aplazamos idéntico viaje para otra jornada, a poder ser de un futuro muy lejano. Solo cuando los viajeros nos son conocidos, la coincidencia de fechas nos lleva a reflexionar.

sábado, 11 de abril de 2015

MIS FOTÓGRAFOS (IX)


No puedo eludir mi condición de narradora y con frecuencia me descubro a mí misma poniendo en pie historias que se sustentan sobre una imagen o una melodía. En algunas ocasiones, me parece que esta tendencia mía es inevitable, dado el poder de sugerencia de la obra en cuestión; tal es el caso de la fotografía que traigo hoy aquí, debida al objetivo del fotógrafo eslovaco Martin Martinček (1913-2004). Por la mañana es, quién lo duda, una prueba de la pericia técnica y el exquisito acabado de las obras de su autor. El horizonte alto, que hace que el mar de tejados parezca salirse de los límites de la imagen; el contraste entre el fondo difuminado y la nitidez de la silueta del hombre que desciende hacia el pueblo: nada hay casual en esta imagen impactante, que atrapa de inmediato nuestra atención. Pero a mí me parece que hay otra razón para el efecto que esta fotografía causa en el que la contempla. El cotidiano regreso a su casa de un campesino madrugador se convierte, por obra y gracia de la cámara de Martinček, en una causa de inquietud: la figura negra que porta una guadaña se nos antoja una encarnación de la muerte; el pueblo envuelto en la bruma matutina, un conjunto abigarrado de destinos humanos entre los que se encuentra uno que está a punto de llegar a su fin, por obra y gracia del siniestro personaje que desciende la ladera.

domingo, 5 de abril de 2015

LOS CUADROS DE MARZO (2015)

En estos tiempos de extremado culto a la propia imagen, me resulta tentador asomarme a la visión del propio rostro que nos han transmitido los pintores de otras épocas. El resultado no puede ser más gratificante: frente a la proliferación, la gratuidad y el carácter efímero de las actuales autofotos bautizadas con un anglicismo que me resisto a emplear, uno se encuentra con la reflexión larga y profunda sobre los propios rasgos, la expresión facial y lo que todo ello delata de la personalidad del que es simultáneamente modelo y autor. Este Autorretrato de un joven que emerge de la oscuridad para clavar en nosotros una mirada intensa y melancólica está atribuido al gran Eugène Delacroix, que lo habría pintado en torno a 1816, a una edad que rondaría los dieciocho años. Dejo aparte el prodigio de madurez pictórica que este dato implica; a mí este retrato me atrae por el eficaz juego de luces y sombras, la sobriedad con la que está compuesto y el carácter enormemente expresivo de los pocos elementos con los que el autor lo ha construido. Como sucede siempre en los grandes retratos, uno puede jugar a sostenerle la mirada al modelo y caer en la fantasía de que está realmente asomándose al interior de una persona de carne y hueso. Estos ojos que nos miran desde el oscuro cobijo de sus cuencas son una mezcla de juventud y sabiduría, de melancolía y fuerza vital. Este joven que sabe pintar como un artista experimentado nos transmite la impresión de saber ya mucho de la vida. No son ajenas a ello, pienso yo, las largas horas de contemplación de la propia imagen que subyacen a esta obra, con su carga de reflexión y de conocimiento de uno mismo.

jueves, 2 de abril de 2015

LO MÁS IMPORTANTE

The most importan thing es el título de una serie de fotografías en las que el estadounidense Brian Sokol retrata a refugiados que muestran ante la cámara lo que pudieron salvar de su hogar cuando lo tuvieron que abandonar de forma precipitada. Con el subtítulo de Retratos de una huida, es también el título de la exposición en la que hasta el mes de mayo se exhiben veinticuatro de estas imágenes, acompañadas por las historias de sus protagonistas, en CaixaForum de Madrid.

sábado, 28 de marzo de 2015

MATAR EL TIEMPO

Es increíble el número de relojes que se llegan a almacenar en una casa. De pared, de sobremesa, despertadores, de pulsera. Analógicos o digitales, prácticos y sencillos o decorativos y de diseño caprichoso. Algunos exactos y puntuales, otros perpetuamente atrasados, alguno muerto sin remisión y conservado por tratarse de un recuerdo sentimental o de familia. Digo esto porque acabo de repasarlos todos para adecuarlos al cambio horario fijado para esta madrugada: el que hará que a las dos viajemos meteóricamente hasta la hora siguiente. El que traerá consigo, a partir de mañana, atardeceres más tardíos y una indudable sensación de que el verano se acerca, imparable. El que nos robará esta madrugada sesenta minutos de descanso o de diversión; sesenta minutos, en cualquier caso, de este singular veintinueve de marzo que va a tener solo veintitrés horas.

lunes, 23 de marzo de 2015

LECTURAS DEL PASADO INVIERNO (2015)

Soy poco amiga de las obras literarias en las que el trasfondo histórico o político se impone con mucha fuerza, a menos que los hechos se narren a través de una experiencia profundamente individual. Un buen ejemplo de esto último es esta novela de Sofi Oksanen, directa y estremecedora como su conciso título. La acción de Purga recoge distintos hitos de la historia del siglo XX en Letonia, uno de esos territorios asolados por sucesivos huracanes políticos: la invasión alemana, el dominio soviético, la lucha por la independencia. La represión, la barbarie de los dominadores, el miedo de los dominados, las delaciones, el rencor y el abuso de la fuerza son el terrible panorama que sirve de telón de fondo a la acción. Pero nada tan oscuro y desesperanzador como el corazón de la protagonista, Aliide, a la que conocemos desde su adolescencia hasta la vejez, y cuyo sentimiento de envidia hacia su hermana mayor la arrastra hasta las simas más negras de la infamia. Purga es una novela brutal y que deja pocos resquicios para la esperanza, porque en ella no vemos al individuo enfrentado a la adversidad colectiva, sino que entendemos que los grandes conflictos que arrasan el mundo tienen una base mínima e imposible de erradicar, la inmensa capacidad para el mal que se alberga en el alma humana.

domingo, 15 de marzo de 2015

CAMINO A LA ESCUELA

Desde que vi esta película, hace algo más de una semana, ha desaparecido de la sala en la que se proyectaba en versión original en Madrid y probablemente de algunas más en España. Es difícil hacer recomendaciones sobre cine en estos tiempos, sobre todo si se refieren a cierto tipo de cine: un estreno sucede a otro, apenas vemos la publicidad de una película cuando ya nos la encontramos en sesión de madrugada; lo que despierta expectación un día cae en el olvido al siguiente. Todo pasa muy deprisa. Justo lo contrario de lo que les sucede a los pequeños protagonistas de esta cinta en su trayecto cotidiano al colegio.

jueves, 5 de marzo de 2015

LOS CUADROS DE FEBRERO (2015)

El polaco Józef Pankiewicz (1866-1940) es el pintor nocturno por excelencia. Sus cuadros captan las formas que se adivinan en la oscuridad hasta extremos tales que algunos deben ser contemplados en vivo y no admiten reproducción por medios gráficos ni digitales. Mercado de la ciudad vieja, Varsovia, de noche se mueve dentro de límites más convencionales y por eso es posible traerlo a esta sección. En un alarde técnico, Pankiewicz une a la falta de luz natural la presencia de la humedad que difumina los contornos de los edificios y cubre el suelo de una hermosa capa brillante. En ese ámbito impreciso de la plaza, tiemblan las luces de las ventanas y de las farolas y deambulan figuras de viandantes y vehículos cuya naturaleza no llegamos a captar del todo y que se nos manifiestan, por ello, llenos de misterio y sugerencias; se trata de un cuadro que posee la belleza de la indefinición. El artista consigue con su pericia realizar una eficaz conexión entre nuestros sentidos: lo que captan nuestros ojos nos hace sentir el frío de la noche varsoviana. Por lo que he podido averiguar, el posterior contacto con el fauvismo llevó a este maestro de lo nocturno a llenar su paleta de colores brillantes, en una curiosa evolución a un arte nítido y diurno. Ignoro qué proceso mental o emocional acompañó ese viaje de la noche al día, en el que Pankiewicz abandonó este estilo sugerente que juega a medias con lo que muestra al espectador y lo que le obliga a imaginar.

domingo, 1 de marzo de 2015

CONTRASTES

Hace unos días fui al Museo Arqueológico de Madrid con mis alumnos de 1º de ESO. O para ser más precisos: yo era la encargada de hacer el recorrido con mis alumnos una vez en el museo, pero hasta allí se movilizó un autobús de los grandes cargado de chiquillos de distintos grupos, incluidos algunos de educación especial. No es la primera vez que participo en esta actividad, que todos los años viene cargada de anécdotas variadas (problemas con el número de entradas solicitadas, que por alguna extraña razón nunca coincide con el número real de alumnos que se personan en el museo el día de autos; comentarios idénticos de los chavales que invariablemente se producen frente a determinadas piezas, generación tras generación; llamadas de atención de los vigilantes, alguno de los cuales manifiesta amablemente su admiración por la labor de los que nos encargamos de movilizar a semejante tropa…). Pero nunca olvidaré mi visita al museo del 26 de febrero de este 2015 que avanza ya por su primer tercio con más rapidez de la prevista.

miércoles, 25 de febrero de 2015

178 AÑOS Y UN DÍA

Hoy Rosalía de Castro cumpliría ciento setenta y ocho años y un día. Rectifico: los cumple. La tajante separación entre la vida y la muerte se tambalea un tanto en el caso de los personajes que habitan en el recuerdo de muchos.

jueves, 12 de febrero de 2015

SER HUMANO ES DIFÍCIL

«A veces ser humano es difícil. Se nació casi al borde», dice Vicente Aleixandre en su poema dedicado al Niño de Vallecas de Velázquez, que es, dentro de la serie de retratos de bufones realizados por el gran maestro, el que inmortaliza al ser más desvalido y conmovedor de todos, al más desposeído de dones por la naturaleza; al más, como dice certeramente el poeta, a duras penas humano. Ese enano que nos observa desde el lienzo con la expresión bobalicona de su mirada vacía es uno de los seres más tristes en los que se ha detenido la atención de un artista genial, que es, por eso mismo, genial por partida doble.

miércoles, 4 de febrero de 2015

LOS CUADROS DE ENERO (2015)

Con frecuencia la literatura se convierte en una fuente de conocimiento de obras artísticas. Ya en alguna ocasión he comentado la alegría que me produce descubrir a un pintor o un fotógrafo por medio de la imagen usada en la cubierta de un libro. En el caso al que me voy a referir hoy, dicha imagen guarda además una estrecha relación con el contenido de la obra a la que precede. Hace unos días, recibí el regalo de una novela de una autora para mí desconocida: El jilguero, de la escritora estadounidense Donna Tartt. Fue toda una sorpresa, a pesar de que se trata de una obra galardonada con el premio Pulitzer y que, en consecuencia, ha gozado de repercusión en los medios en los últimos meses. Pero nada de esto me resulta tan atrayente como la imagen que aparece en la cubierta del libro: la frágil figurilla de un pájaro pintada con la precisión y esmero de los viejos maestros. El pintor holandés Carel Fabritius (1622-1654), autor de El jilguero atado, desarrolló su breve carrera a la sombra de dos monstruos de la pintura, ya que fue discípulo de Rembrandt y maestro de Vermeer. Nos ha dejado cuadros que denotan una notable pericia, pero ninguno en mi opinión tan extraordinario en su sencillez como esta conmovedora plasmación de un ave en su cautiverio. Es un ejemplo claro de cómo una obra sin pretensiones puede alcanzar una enorme trascendencia. El artista ha operado por reducción: ha elegido el más humilde de los temas y ha simplificado el entorno, reduciéndolo a un muro blanco sobre el que la figura del protagonista, trazada con cuidado y delicadeza, encuentra su máximo realce. Y sin embargo ―o gracias a todo ello― el cuadro produce una impresión inolvidable en el que lo contempla. Yo no dudaría en calificar de retrato esta imagen del jilguero que mira directamente hacia nosotros, haciéndonos sentir todo el peso de su prisión y su soledad.

sábado, 24 de enero de 2015

DEBERÍAMOS HABERNOS QUEDADO SIEMPRE ALLÍ

Nunca se puede saber por dónde van a discurrir los senderos de la memoria, pero tengo la impresión de que, cuando dentro de muchos años recuerde mi primer contacto con la obra de Patrick Modiano, me vendrá a la cabeza el pasaje de En el café de la juventud perdida que voy a relatar a continuación.

sábado, 17 de enero de 2015

GUÍAS Y ACOMPAÑANTES

Hay autores que nos sorprenden y deslumbran con sus puntos de vista inusitados, con su capacidad para discernir aquello en lo no que seríamos capaces de reparar por nosotros mismos. Otros se limitan a dar formulación a las ideas que nos rondan desde que tenemos conciencia de los propios pensamientos. Los primeros nos sirven de guía, van por delante de nosotros y tenemos que caminar con premura para ponernos a su nivel. Los segundos nos acompañan hablándonos al oído. Cumplen, estos últimos, esa maravillosa función de la literatura que es dinamitar la soledad.

sábado, 10 de enero de 2015

REGALOS EQUIVOCADOS

Ya he hablado alguna vez aquí de la impresión que me producen los días siguientes a las fiestas, con toda su parafernalia de restos abandonados en los contenedores de basura y de adornos por quitar que resultan, de repente, profundamente tristes. Pero en el caso de la Navidad, ese día siguiente tiene un componente añadido del que las otras fiestas carecen.

lunes, 5 de enero de 2015

LOS CUADROS DE DICIEMBRE (2014)


Me confieso completamente rendida ante mi último descubrimiento pictórico, el noruego Harald Sohlberg (1869-1935), hábil transformador de la realidad en un mundo personal y sugerente. Me ha costado elegir entre sus obras, pero al final me he dejado vencer por el hechizo de este paisaje urbano bautizado con el conciso título de Noche. Hay algo perturbadoramente animado en la iglesia que ocupa el lugar central de la composición y que parece observarnos con el único ojo de su ventana iluminada. En torno a ella se extiende un panorama que es una síntesis de la existencia: los muertos representados por las lápidas y las cruces en desorden se prolongan hasta fundirse con los vivos, encarnados en las viviendas y las fábricas que se pierden en el entorno natural. La luz y el uso del color son, como siempre ocurre en los cuadros de este autor, bazas fundamentales para lograr que la simple contemplación de un paisaje se transforme en una experiencia extraordinaria. La negrura del cementerio en primer término parece una advertencia para los que aún habitan el abarrotado cúmulo de casas del segundo plano. Pero no hay nada lúgubre en esta noche que nos ofrece Sohlberg y que resulta luminosa como solo puede serlo una noche nórdica. La vida y la muerte, en estrecha convivencia y bajo un hermoso cielo azul que nos recuerda que, en última instancia, todos somos parte de la bella indiferencia del planeta.

sábado, 3 de enero de 2015

PRIMEROS PLANOS (VII)

A mí me interesa todo lo que rueda ese cineasta inquietante llamado Roman Polanski. Sus películas consiguen siempre removerme por dentro; me provocan miedo, angustia, fascinación, tristeza. Pero si tuviera que elegir la más puramente emotiva, me quedaría sin duda con El pianista, conmovedora crónica de la supervivencia de un judío polaco durante la invasión alemana y el horror nazi. Traigo hoy aquí la que es tal vez la escena más conocida de la película, aquella en que el protagonista, que vive de forma clandestina en las más duras condiciones de miseria y soledad, se encuentra al salir de su escondite con un oficial alemán. Esta confrontación entre dos personajes que encarnan dos mundos antagónicos habría dado materia por sí sola para una película. Recuerdo los sentimientos que me produjo la primera vez que la vi: el temor inicial ante la presencia del enemigo que va dando paso, poco a poco, a la confortante sensación de que dos seres humanos pueden sentirse unidos por encima de las ideologías y las contingencias históricas que los dividen. La maravillosa música de Chopin que el protagonista interpreta al piano a petición del alemán es ese puente tendido por encima del odio y la atrocidad. Es interesante constatar cómo una secuencia en la que el componente sentimental es tan alto está construida con la precisión de un reloj. Sólo resaltaré dos detalles: los primeros planos del rostro del protagonista y de sus manos sobre el teclado, muestra de la vinculación entre dicho personaje y el espectador, en alternancia con los planos medios en que se nos muestra al oficial nazi que escucha, más alejado de nosotros, aún una presencia amenazadora para el personaje principal. Los objetos cobran un evidente papel simbólico cuando, al final de la escena, la cámara nos muestra sobre el piano la lata de conservas que el protagonista no ha podido abrir junto al abrigo y la gorra militar del oficial: la materialización de la más cruda supervivencia frente a los símbolos del poder. El débil y el poderoso, el fugitivo y su perseguidor, la víctima y el verdugo, unidos por la belleza de la música. En tiempos agitados como los que vivimos ―tal vez debería decir como los que siempre vivimos― me gusta soñar gracias al cine con que es posible semejante milagro de concordia.