miércoles, 2 de septiembre de 2015

LOS CUADROS DE AGOSTO (2015)


La expectativa es el cuadro más conocido del surrealista alemán Richard Oelze (1900-1980). En él, el pintor da un paso más allá del sugerente recurso de pintar una escena desde su parte posterior: los hombres y mujeres que la protagonizan no solo nos dan la espalda, con la consiguiente indeterminación de sus rasgos y expresiones faciales, sino que miran con interés algo cuya naturaleza también se nos escapa. Solo dos de ellos nos permiten ver su cara, que aparece reducida a sus líneas esenciales, como un rostro-tipo carente de individualidad. Del resto de los personajes solo vemos el abrigo y el sombrero que los cubre: no hay manos, ni apenas piel ni cabello a la vista. Nos da la impresión de que este grupo humano que ve o espera ver algo que ignoramos está formado por seres que han perdido su carácter singular para fundirse en una masa con la voluntad común de aguardar a que algo suceda. Son varios los elementos que añaden misterio a esta escena ya de por sí inquietante: el carácter antinatural del colorido, circunscrito a distintas gamas del pardo y el verde, y la presencia de un cielo tormentoso que no parece augurar nada bueno. Sería fácil encontrarle una interpretación existencial a la imagen de este colectivo que explora un horizonte amenazador, pero si hay algo que me atrae de esta obra es su misma imprecisión, el juego de incertidumbres creado por la gente que observa y espera mientras es observada a su vez por el que espera en el exterior del cuadro.

lunes, 31 de agosto de 2015

PUNTOS DE REFERENCIA

Un personaje de En el café de la juventud perdida de Patrick Modiano dice lo siguiente: «En esa vida que, a veces, nos parece como un gran solar sin postes indicadores, en medio de todas las líneas de fuga y de los horizontes perdidos, nos gustaría dar con puntos de referencia, hacer algo así como un catastro para no tener ya esa impresión de navegar a la aventura». Los personajes de Modiano encuentran esos puntos de referencia, sobre todo, en los espacios. Los cafés que sirven de lugar de reunión, las casas a las que se regresa a lo largo de la vida o cuyo recuerdo les persigue en los sueños o en las fotografías. Las calles cuyos nombres parecen estar lanzando mensajes que hay que descifrar. El plano de la ciudad se convierte así en un territorio sembrado de hitos que marcan la dirección posible a unos seres inevitablemente a la deriva.

viernes, 21 de agosto de 2015

PROHIBIDA LA FELICIDAD

Permitidme que plantee un cuento al estilo tradicional. Algo así como: «Érase una vez un reino en el que habitaba gente feliz y gente desgraciada, como suele suceder en todos los lugares del mundo. También se producía el hecho de que la misma persona fuera feliz unos días y desgraciada otros. Pero había un solo habitante de ese reino que había sido desgraciado todos y cada uno de los instantes de su vida. Dicho habitante era el rey, que sentía envidia de la felicidad que hasta el último de sus súbditos era capaz de alcanzar en algún momento. Así que, como tenía poder para hacerlo, decidió prohibir la felicidad en los confines de su reino. Para conseguir lo cual, claro está, tuvo que prohibir unas cuantas cosas. Y lo primero que prohibió aquel monarca perpetuamente desdichado fue…»

martes, 18 de agosto de 2015

LOS NIÑOS DE ZURBARÁN

Hace algo más de un mes, con motivo de mi entonces reciente visita a la exposición Zurbarán, una nueva mirada del Museo Thyssen-Bornemisza, escribí en este espacio una entrada con el título de Aproximaciones a Zurbarán. Al final de ella planteaba mi propósito de escribir otra sobre un descubrimiento que había hecho contemplando los cuadros allí reunidos. Sin embargo, otros temas se han ido “colando” desde entonces, algunos por estar vinculados a sucesos de actualidad, y la entrada en cuestión se había quedado aguardando pacientemente en la lista de espera ―por otro lado, cada vez más larga― de este blog. Hace unos pocos días, una conversación con un amigo me ha hecho rescatarla. Se me ocurrió preguntarle si había ido a ver la exposición del Thyssen. Resultó que sí, pero que no compartía mi entusiasmo por Zurbarán. «A mí es un pintor que me resulta antipático», me dijo a guisa de explicación.

domingo, 16 de agosto de 2015

SE VA UN MAESTRO

Supongo que  a lo largo de la vida uno se define por multitud de detalles, incluida la forma de abandonarla. Así ha sido, al menos, en este caso. Esta mañana, al encender la radio del coche, me he enterado de que hoy iba a ser incinerado el novelista Rafael Chirbes. La noticia ha sonado en mis oídos como una detonación y me ha dejado una profunda sensación de irrealidad. ¿Incinerado? Pero, ¿cuándo había muerto? Yo había escuchado la radio el día anterior, había leído el periódico en una edición digital de la noche, y no tenía la menor información al respecto. Me cabe la duda de si se trata de una casualidad o un despiste por mi parte, pero prefiero pensar que este novelista bronco y discreto ha salido de escena como antes había permanecido en ella durante sesenta y seis años: haciendo lo que tenía que hacer, sin gesticulaciones ni alharacas.

jueves, 13 de agosto de 2015

NI CON NIÑOS, NI CON ANIMALES...

Es fama que Alfred Hitchcock, cuando terminó de rodar La posada de Jamaica, manifestó que era mejor no trabajar ni con niños, ni con animales, ni con Charles Laughton. La frase, que era originalmente un comentario ácido sobre las dificultades que había encontrado para dirigir al actor en la mencionada película, se ha utilizado con posterioridad para aludir a los peores compañeros de reparto posibles, aquellos que sin duda se llevarán la atención de los espectadores y robarán el protagonismo a los otros miembros del reparto. Porque, ¿quién va a mirarle a uno si tiene al lado a un monstruo de la escena como Laughton… o, en su defecto, a un encantador niño o una entrañable mascota?

lunes, 10 de agosto de 2015

PRIMEROS PLANOS (y VIII)

En el año 2010, el Gran Premio del Jurado del Festival de Cannes recayó en una cinta dirigida por Xavier Beauvois que relata los últimos tiempos de un pequeño grupo de monjes franceses establecidos en las montañas de Argelia, donde vivieron en armonía con la población musulmana hasta su secuestro y asesinato durante la guerra civil de los años noventa. De dioses y hombres es una película de ritmo lento y reflexivo, llena de silencios y sobrentendidos, como conviene al retrato de la vida en una comunidad trapense. Hay un momento extraordinario, que es el que traigo hoy a esta sección: avisados del peligro que corren y puestos en la tesitura de aceptar la protección del gobierno argelino o de regresar a su país, los monjes acuerdan finalmente quedarse y continuar con su pacífica rutina, desarrollando sus labores y ayudando a la población local en sus necesidades. Una vez tomada tan difícil decisión, vemos a los nueve protagonistas reunidos en el refectorio y dispuestos a cenar; uno de ellos enciende un transistor que deja escapar las notas de El lago de los cisnes de Tchaikovsky. La cámara se pasea entonces de un lado a otro de la mesa, acercándose a los rostros de los personajes, a través de los cuales descubrimos cómo el agradable clima inicial va evolucionando hacia la inquietud y la tristeza, a medida que se impone en todos la certeza del peligro que afrontan. Los primeros planos son cada vez más cercanos y denotan un cúmulo de sentimientos encontrados: júbilo, compañerismo, serenidad, aceptación del destino, miedo al futuro, desconsuelo. Recuerdo el enorme impacto emocional que causó en mí esta secuencia cuando la vi por primera vez y que no difiere mucho del que me sigue causando a día de hoy, después de múltiples visionados. Sin mediar una sola palabra, y con la colaboración inestimable de la música del gran maestro ruso, Beauvois nos hace transitar con increíble intensidad por el territorio que media entre la alegría de estar vivo y el temor ante la cercanía de la muerte.

viernes, 7 de agosto de 2015

ESCULTURAS IMPERFECTAS

Dicen que una escultura es perfecta cuando puede ser contemplada desde cualquier punto de vista sin perder nada de su belleza o emoción. O dicho de otro modo: cuando ofrece tantas visiones como perspectivas posibles, igual que un gran libro está lleno de sugerencias e interpretaciones que cambian con cada tipo de lector. Es algo que uno estudia en los manuales de Arte y que luego se esfuerza en comprobar en la práctica caminando en círculo por plazas públicas y museos, rodeando y contemplando con ojo crítico a los personajes detenidos para siempre por obra de la piedra, la madera o el metal.

martes, 4 de agosto de 2015

SIMETRÍA CASUAL

No pensaba hablar de lo que todo el mundo comenta en los últimos tiempos. Pretendía que el verano pasara de largo sin mencionar siquiera en este blog las altas temperaturas. Ya es un tema omnipresente desde hace cosa de un mes en los medios de comunicación, en las charlas en bares, colas de supermercados y ascensores. A mí me cabe la duda de si tanta conversación al respecto le habrá hecho adquirir una dimensión todavía mayor, si los grados reflejados en los termómetros callejeros no irán aumentando al ritmo de nuestro incesante parloteo. Me planteo también si este caldo de cultivo, este incansable intercambio de asfixias y sudores, este alarde de abanicos y bebidas frías nos habrá llevado a perder la perspectiva a los que por razones geográficas hemos vivido siempre veranos sofocantes. Hablamos de calentamiento global, culpamos a los gobiernos, lanzamos visiones apocalípticas sobre los infiernos estivales que sufrirán nuestros descendientes. Hacemos memoria y no recordamos haber padecido ni por asomo noches tan agobiantes, mediodías tan castigados por el sol. Y, con todo este despliegue verbal, el resultado es que cada vez sentimos más calor.

sábado, 1 de agosto de 2015

LOS CUADROS DE JULIO (2015)

El pintor italiano Matteo Massagrande (nacido en 1959) cuenta que de niño pasó muchas horas curioseando en el Museo Cívico y en las iglesias de su ciudad natal, Treviso, y que en más de una ocasión se quedó encerrado por la noche entre tan vetustos muros por error. Este recuerdo es mucho más que una divertida anécdota de infancia: es una señal de la prematura fascinación de este artista por los edificios antiguos y llenos de historia. Massagrande es un pintor escrupuloso y detallista que pone su impecable técnica al servicio de la creación de espacios a los que el paso de los años ha dotado de un aura decadente y misteriosa. Las habitaciones que son el motivo central de su obra están vacías y abandonadas, carecen casi por completo de mobiliario y nunca cuentan con la presencia de seres humanos, pero transmiten una profunda sensación de vida e historias acumuladas. Siendo como soy una enamorada de lo viejo y decadente, era inevitable que un artista como este me resultara fascinante. Me ha costado elegir entre sus cuadros, pero me he quedado al fin con el que encabeza estas líneas, que responde al título de Interior 12. Los puntos de vista adoptados por este pintor son con frecuencia forzados; en este caso, uno tiene la sensación de estar sobrevolando la escena, como si la visitara en el transcurso de un sueño. Los signos de deterioro nos rodean por doquier: los cuadros descolgados y vueltos contra la pared, las manchas de la pintura, las muescas en la madera de las puertas, ese maravilloso suelo desgastado que nos remite inevitablemente a algún otro similar sobre cuyo dibujo dejamos pasar las horas muertas cuando éramos niños. Frente a nosotros se abre un paisaje urbano gris y crepuscular, a tono con la melancolía que se desprende del entorno. Pero ―detalle que vuelve inolvidable la escena― al otro lado de la calle hay una ventana iluminada, tras la que imaginamos una mirada como la nuestra que tal vez nos observa y acompaña en medio de la tristeza de los espacios abandonados. 

jueves, 30 de julio de 2015

UN LAUREL QUE LLORA

En mi opinión, los lugares más mágicos del planeta son los bosques. Son, al menos, los espacios en que mi radical escepticismo en materia religiosa y espiritual se queda en suspenso y tengo la sensación de que fuerzas y presencias cuya índole no consigo calibrar me rodean por doquier. Otros entornos naturales ejercen sobre mí un efecto poderoso: el mar, el cielo estrellado, las montañas me hacen reflexionar, me empequeñecen, me tranquilizan a fuerza de hacerme sentir mi propia insignificancia. Los bosques no. Cuando entro en un bosque, tengo la impresión de estar ingresando en un espacio aparte, de estarme conectando a una parte de mí misma que apenas conozco.

miércoles, 22 de julio de 2015

OFICIALMENTE PERDIDOS

Supongo que nos pasa a todos: de vez en cuando, en el aluvión de fotografías, mensajes ingeniosos, carteles y vídeos que nos asaltan a diario a través de las redes sociales, hay alguno que prende nuestra atención. No hablo de aquellos que se dirigen exactamente a nuestra forma de ver el mundo ni de los que reflejan un aspecto de la realidad que nos conmueve o nos indigna de forma especial; esos lo tienen muy fácil para sobresalir de la maraña que los rodea y hacerse notar. Me refiero a los que, sin razón aparente, mueven alguna tecla en nuestro interior y ponen en funcionamiento nuestro cerebro. A mí me sucedió hace unos días con una serie de dibujos dedicados al tema de la amistad. Estaban firmados por un tal Ajit Johnson y reproducían escenas cotidianas: parejas y tríos charlando, compartiendo la comida o un paraguas, abrazándose, riéndose. Cada imagen iba acompañada por un mensaje nada original ―y bastante mal traducido del inglés, en algún caso― que pretendía ser una definición de la amistad y que decía cosas del tipo: «Es saber que nos tenemos el uno al otro», o «Es saber cada pequeño detalle de nuestras vidas». Me gustan poco esas reducciones de los grandes sentimientos a fórmulas manidas; habría pasado por encima sin más si uno de los dibujos no hubiera llamado mi atención de forma poderosa.

sábado, 18 de julio de 2015

EL VALS DE LORCA, EL VALS DE COHEN

Cuando yo era una aplicada estudiante universitaria que navegaba con fruición por las distintas corrientes de crítica literaria, aprendí muchas cosas que he olvidado. No es grave: tengo la teoría de que el tiempo hace una maravillosa labor de criba y conserva en nuestra memoria solo lo realmente importante. Entre los nombres que recuerdo de aquella época de almacenamiento memorístico está el de un eminente hispanista llamado Leo Spitzer, encuadrado en lo que se conocía como “crítica idealista”. Supongo que estudié ingentes cantidades de conceptos y características e incluso citas literales de tan reputado autor, pero lo que se me quedó grabado es que este hombre, a diferencia de estudiosos que reducían la obra literaria a un esquema de flechas, recuadros y subrayados, sostenía que la aproximación a la literatura es, en última instancia, un asunto de intuición. Creo recordar que acuñó incluso un término de carácter onomatopéyico, sumamente expresivo, para expresar ese no-se-qué imposible de reducir a fórmulas que hace que una obra literaria tenga una calidad superior. Lamento haber olvidado la expresión concreta. He realizado una infructuosa búsqueda por Internet y solo me queda internarme en mis apuntes de carrera, labor que me llenaría, me temo, de nostalgia.

jueves, 16 de julio de 2015

APROXIMACIONES A ZURBARÁN

Como la pintura es probablemente la pasión que primero llegó a mi vida, he tenido sobrado tiempo para que mis gustos en ese sentido experimenten todo tipo de oscilaciones. Es curioso comprobar cómo el artista al que en un momento dado rechazamos o no supimos comprender se convierte con el paso de los años en una presencia imprescindible para nosotros. Me gusta especialmente recordar los pintores que me eran muy queridos de niña y aquellos otros por los que sentía rechazo. Los primeros los recuerdo con especial cariño, pero casi ninguno ha conservado con el tiempo ese puesto de privilegio en mis preferencias. Unos cuantos de los segundos, de los que provocaban mi más rotunda incomprensión infantil, han pasado a estar entre mis favoritos. Es el caso de Francisco de Zurbarán.

viernes, 10 de julio de 2015

LAS LLAVES DEL AYER

Hace unos días, sostuve con unos compañeros de trabajo una conversación en la que no había vuelto a pensar hasta que la última de mis lecturas, La hierba de las noches de Patrick Modiano, me la ha traído a la cabeza. Hablábamos sobre la edad. El motivo era el cumpleaños de la más joven de los tres, que se acerca a los cuarenta años. Tanto ella como mi otro compañero, que pasa ya de los cincuenta, afirmaron tajantemente sentirse a gusto con el momento de sus vidas en que se encontraban y no desear volver atrás en el tiempo, si es que esto fuera posible. Yo, que por edad me encuentro entre ambos, tardé algo más en formular mi postura. Durante unos segundos, guardé silencio mientras echaba la vista atrás. Como atraída por un imán, mi memoria se detuvo en los años de la Facultad. Me deslumbró la imagen de los cielos diáfanos de mis veinte años, de la luz inigualable de aquellos días de mi juventud, que nada tiene que ver con una luz física y susceptible de ser medida. Mi postura quedó clara de inmediato: ¿volver atrás en el tiempo? Por supuesto que me gustaría.

sábado, 4 de julio de 2015

LOS CUADROS DE JUNIO (2015)

La artista alemana Anja Millen es la creadora de un universo oscuro y perturbador al que ha dado forma primero a través de la pintura y más adelante por medio de la fotografía y la manipulación digital de la imagen. Sea cual sea la técnica empleada, el resultado es una obra llamativa e inquietante, que se adentra en el terreno de la pesadilla y nos conecta con nuestros miedos y deseos más ocultos. El título del cuadro que traigo hoy aquí se inscribe en la más pura tradición clásica: Vanitas. La poderosa personalidad de Millen realiza una reinterpretación del tema tradicional de la futilidad de lo humano, que no está representado aquí, como es habitual, por medio de un repertorio de objetos simbólicos, sino por una figura humana de extraordinaria expresividad. Esta mujer que se encoge sobre sí misma en un gesto teatral parece literalmente estarse deshaciendo delante de nosotros. Todo en ella nos habla de decadencia: su espalda descarnada, su vestido ajado, las hojas muertas que caen sobre ella. La elección de los colores dota al conjunto de una extraordinaria fuerza visual; en medio del sombrío panorama creado por medio de tonos grises y pardos, destaca como un puñetazo el rojo del pelo y de las hojas que revolotean, últimos signos de vida de un mundo que se desmorona.

miércoles, 1 de julio de 2015

LECTURAS COMPULSIVAS

Supongo que es lo que les ocurre a los compradores compulsivos. Me figuro que hay mucha literatura ―y mucho cine― en torno a dicha adicción, pero no puedo evitar imaginarme a los afectados por ella experimentando un hormigueo en el estómago ante la cercanía de una zona comercial, intentando huir sin conseguirlo y lanzándose finalmente a una vorágine de etiquetas, perchas y probadores. A mí me pasa con los libros.

lunes, 22 de junio de 2015

LECTURAS DE LA PASADA PRIMAVERA (2015)

«Luis van Beethoven murió en mil ochocientos veintisiete / (es lo que piensan los desinformados), / pero yo lo he visto en el Lincoln Center». Estos versos pertenecen a Beethoven ante el televisor, uno de los sorprendentes poemas que componen este libro emocionante y original. Es un ejemplo perfecto de la alianza entre lo antiguo y lo nuevo que es la base de Cuaderno de Nueva York. En las calles de esta ciudad evocada por el poeta, resuenan los ecos del castellano del gran Francisco de Quevedo; los edificios vertiginosos tienen su referente en otros construidos al otro lado del océano; bajo las notas de la música reciente late el pulso de los grandes compositores europeos. En el poema que antes he citado, el sordo más universal se sienta frente a un televisor con el sonido apagado para contemplar una retransmisión de su Novena Sinfonía y poder así, una vez más, oír la música que habita en el silencio. Como no podría ser de otro modo, en el libro se alternan las formas estróficas clásicas con otras de factura más moderna, los poemas escritos con un lenguaje claro y casi conversacional con las referencias culturales y las imágenes de difícil comprensión. Lo remoto y lo último, lo de ahora y lo de siempre, se dan así la mano en un mundo urbano abigarrado y sonoro, lleno de vida y de ecos de lo que ya no está, frente a la mirada asombrada del poeta.

viernes, 19 de junio de 2015

EL LATIDO DEL BLOG

Tengo un amigo al que veo muy de vez en cuando que bromea diciendo que, cuando quiere saber que estoy bien, se asoma a este blog y comprueba que se ha renovado alguna de sus secciones. Si ve que hay material nuevo, variaciones con respecto a la última vez, se queda tranquilo. Mientras haya vida en el blog, no hay que preocuparse, es su conclusión. Supongo que, si ese amigo se ha acercado a este espacio durante el último mes, habrá encontrado un único rastro de actividad en la sección de El cuadro de la semana. Ha sido el leve latir que ha conservado este blog, aunque muy tenuemente, con vida.

jueves, 4 de junio de 2015

LOS CUADROS DE MAYO (2015)

El australiano Troy Ruffels (nacido en 1972) es un artista de difícil clasificación; en su obra utiliza diversos medios gráficos, incluida la fotografía, para crear imágenes que oscilan entre la minuciosa reproducción de la realidad y la creación de un mundo aparte. La primera vez que vi la que precede a estas líneas, que responde al título de Bramble (zarza), pensé que, en caso de encontrarme frente a ella en una sala de exposiciones, me vería en un serio aprieto con el vigilante, dado el irrefrenable impulso de tocar su superficie que despertaba en mí. Es como si la mirada no bastara en este caso para captar el mensaje transmitido por el autor, como si hubiera que corroborar la impresión inicial de dureza con la intervención del tacto. Esta obra de Ruffels está articulada sobre un violento contraste: el que se establece entre la zarza y el horizonte, lo cercano y lo inalcanzable, lo áspero y enredado frente a lo suave y volátil. O entrando en un terreno metafórico, lo laberíntico frente al espacio abierto, el encierro frente a la libertad.  Hay algo en este apretado nudo vegetal del primer término que lo asemeja en un primer vistazo a una alambrada; atrapados tras ella, solo podemos alzar los ojos hacia el cielo surcado de nubes, del que parece aislarnos para siempre la maraña oscura y amenazadora de nuestro cautiverio.