martes, 21 de mayo de 2013

LA ESQUINA DEL CUADRO (I)

Mi propensión a fijarme en lo pequeño y anecdótico, la misma que me hace perderme frente a las abstracciones y los grandes temas de alcance universal, preside con frecuencia mis visitas a los museos. Me sucede que una obra de complicada concepción o enormes dimensiones es registrada en mi cerebro como aquella en la que aparece un detalle que me estremece o hace sonreír, me sobrecoge o me sorprende.  Recuerdo así, con más intensidad que el conjunto, la imagen de una mascota, un objeto cotidiano, una planta, una mano o un peinado que aparecen en la esquina del cuadro.

martes, 14 de mayo de 2013

PEQUEÑOS ESTUDIANTES

El fotógrafo brasileño Sebastiao Salgado cuenta que en una ocasión estaba realizando un reportaje en Mozambique y, al verse completamente rodeado de niños, tuvo que inventar una treta para que le dejaran trabajar con tranquilidad: les propuso que se pusieran en fila para hacerles fotos a ellos solos y, de esta forma, podrían irse a jugar con la ilusión de haber conseguido ser protagonistas por unos instantes. Esta maniobra la fue repitiendo en todos los lugares a los que viajaba, y es el germen de una hermosa colección de retratos que lleva el título de Niños. Salgado no es el único que con frecuencia dirige su objetivo hacia los más jóvenes; todos los grandes de la fotografía lo han hecho en alguna ocasión. Reúno aquí algunas imágenes que me gustan especialmente, sin duda por cuestiones de deformación profesional. Son pequeños escolares inmortalizados en el momento de aprender, sentados en sus pupitres o en el suelo, armados con sus lápices y cuadernos, algunos en condiciones materiales muy duras, pero todos con la maravillosa mirada de curiosidad y expectación del que tiene aún el mundo entero por descubrir.

sábado, 11 de mayo de 2013

ESCRIBIR, REESCRIBIR

Recuerdo que cuando estudiaba aquel curso que respondía a las siglas ya casi olvidadas de COU, el profesor de literatura nos habló de la forma de escribir de Pío Baroja, comentando que éste abordaba sus novelas sin un plan previo, y que se dejaba llevar por el desarrollo de los acontecimientos que iban surgiendo de su imaginación. Con los años, me he dado cuenta de que aquel profesor de mis tiempos preuniversitarios era un docente nefasto, que se limitaba a dictar en clase unos apuntes extraídos tal cual de un libro de texto que no nos había pedido que compráramos para así tenernos entretenidos copiando durante toda la hora. Con todo, tuvo para mí el interés de ser el primero que me puso en contacto con la literatura del siglo XX, que para la joven lectora que yo era entonces fue una auténtica revelación. Gracias a sus palabras prestadas, nació en mí el impulso de leer a autores como Borges, que cambiaron mi vida. Y a menudo me acuerdo de él –injustamente- cuando acuden a mi memoria sus certeros y ajenos comentarios sobre literatos, como aquel en que explicaba que la narrativa de Baroja fluía sin ideas preconcebidas, libre e imprevisible, parecida, en fin, a la vida que intentaba reflejar.

jueves, 2 de mayo de 2013

LOS CUADROS DE ABRIL (2013)


La extraordinaria pintora estadounidense Mary Cassatt (1844-1926) se ha visto eclipsada por sus compañeros masculinos de generación, los impresionistas franceses, con los cuales compartió estilo, exposiciones y amistad. Nos ha dejado vivas y delicadas plasmaciones de la vida cotidiana de su época, en especial escenas protagonizadas por niños y mujeres, como esta titulada En el palco. El bullicioso ambiente de un teatro y el culto a la apariencia de las clases acomodadas encuentran una plasmación perfecta en esta obra de pinceladas sueltas y enérgicas. Lo primero que seduce en ella es la belleza del colorido, esa gama de tonos cálidos que reproduce la iluminación artificial del recinto y en medio de la cual resalta la palidez de la piel de las dos modelos. El siguiente elemento de interés es lo singular de la composición: el punto central de este universo abigarrado, poblado de personajes a los que tan sólo adivinamos pero cuyas voces y movimientos nos parece captar gracias a los pinceles de Cassatt, lo ocupa un objeto insignificante, el abanico de una de las jóvenes, apenas abocetado y abierto en todo su esplendor. La pintora elige como principal motivo el gesto concentrado y preciso de la muchacha que clava sus prismáticos en el foco de su atención, tal vez un artista sobre el escenario o el ocupante de un palco lejano. Lo pequeño, lo anecdótico, lo pasajero, se erigen en protagonistas, en esta celebración de lo instantáneo.

sábado, 6 de abril de 2013

CERRADO POR CREACIÓN

Una señal de fraternidad y de buen encuentro con los que nos rodean es recibir muestras de interés por los problemas e incertidumbres de nuestro día a día. Un simple: “¿Qué tal va tu garganta?” o “¿Te localizaron la avería del baño?” es como una lucecita en medio del complicado rompecabezas, de la carrera de obstáculos en que a veces se transforma el devenir cotidiano. Yo siento especial gratitud hacia las personas con buena memoria para recordar mis pequeños o grandes contratiempos (y buena voluntad para interesarse por ellos). Tengo la suerte de vivir rodeada por un buen puñado de ellas. Y desde hace cosa de año y medio, esas personas bienintencionadas se interesan una y otra vez no por la salud de un familiar ni por el estado de una reforma doméstica, sino por la novela que estoy escribiendo.

miércoles, 3 de abril de 2013

LOS CUADROS DE MARZO (2013)


El pintor italiano Giorgio Morandi (1890-1964) poseía la capacidad de otorgar trascendencia a los elementos más sencillos. A lo largo de su carrera creó innumerables obras en las que exploró con exquisitez la simplicidad de líneas de objetos cotidianos organizados en composiciones limpias, cuidadas, de suaves colores. Contemplar sus cuadros supone emprender un viaje hacia la esencia de las cosas. En esta Naturaleza muerta, seis recipientes de variadas formas se exponen plácidamente a nuestra mirada en pulcra formación, como listos para pasar revista. Nuestros ojos se recrean en el contraste entre sus diseños, el cuerpo esbelto, la base ancha, el cuello alargado, el asa, la tapadera cónica. Las gradaciones de color son tan sutiles que apenas apreciamos un salto entre uno y otro: los blancos, los verdes claros, el azul pálido, el marrón, se amalgaman hasta formar una sola impresión cromática. Los componentes de este grupo inanimado  contrastan y hacen juego, se contraponen y armonizan con extraordinaria delicadeza. A pesar de su título, a mí esta Naturaleza muerta me parece llena de vida; es como una foto de familia, en la que seis personajes diversos pero unidos por una raíz común nos observan desde el lienzo, detenidos para siempre en la inmovilidad de lo eterno.

viernes, 29 de marzo de 2013

OTROS VIAJES

Dado que circunstancias de la vida no me han permitido viajar esta Semana Santa, me voy a dar al menos el lujo de dedicar esta entrada de hoy al tema de los viajes. De unos muy concretos, de los que llevo siendo testigo –y en cierta medida participante- desde hará cosa de un mes. No se trata de viajes al uso; no se puede hablar de ellos con las amistades, esgrimiendo adminículos electrónicos repletos de imágenes de recuerdo. Pero tienen la enorme ventaja de que pueden suceder en el momento más inesperado y no requieren aparatosos equipajes ni un sólido soporte económico, aunque sí una minuciosa, precisa, demorada preparación. Ese es precisamente su encanto.

domingo, 24 de marzo de 2013

PRIMEROS PLANOS (II)

Al realizar esta selección de mis primeros planos favoritos, con frecuencia me ha asaltado el recuerdo de películas rodadas en la década de los ochenta. Creo que no hay que buscar demasiado para encontrar la razón de esta preferencia: lo que uno ve en esos años a caballo entre la adolescencia y la juventud se graba en la memoria con especial intensidad. Así me sucedió en el caso de La mujer del teniente francés, película británica dirigida en 1981 por Karel Reisz y que adapta al cine la novela homónima de John Fowles. Guardo un recuerdo preciso de muchas de sus imágenes, especialmente del fragmento que aquí incluyo. En él, vemos cómo el protagonista masculino descubre en el muelle azotado por el oleaje a una desconocida que contempla el mar desde un lugar peligroso y se acerca a ella para pedirle que busque refugio. Él es un perfecto caballero victoriano; ella, una mujer repudiada por todos a causa de su escandalosa relación con un oficial francés. El intercambio de miradas entre ambos marca el inicio de una relación tan tempestuosa como esa naturaleza embravecida que los envuelve. Nunca Meryl Streep ha estado tan fascinante. Lo que el espectador lee en los ojos de Jeremy Irons es algo tan evidente pero tan difícil de expresar como el nacimiento de una pasión sin fisuras. Romanticismo del bueno, con mayúscula.

martes, 19 de marzo de 2013

LECTURAS DEL PASADO INVIERNO (2013)

Estamos, cómo no, en el Barrio de Gracia de Barcelona. La historia sucedió “hace muchos años, cuando la ciudad era menos verosímil que ahora, pero más real”, escribe el autor. De un portal emerge la exuberante figura de Victoria, antigua enfermera y actual masajista, que en un alarde de desesperación se tumba atravesada en las vías del tranvía. Se organiza un escándalo en la calle: acuden vecinos y viandantes, que intentan persuadir a la alterada mujer de que abandone su propósito. Todo es inútil. No valen palabras ni violencia física. Victoria, Vicky, la señora Mir, como es conocida por los que tienen distinto grado de intimidad con ella, no ceja en su empeño. La escena sería terrible de no ser porque la pertinaz suicida se ha tumbado sobre los restos del raíl de un antiguo tranvía que hace años que no pasa por el barrio. Aun así, la situación no nos parece divertida del todo; presentimos algo infinitamente triste bajo la férrea determinación del personaje de esperar una muerte imposible. Así comienza Caligrafía de los sueños, la última novela de Juan Marsé. Como siempre en su narrativa, nos situamos en un mundo abigarrado, lleno de humanidad, en el que la sonrisa se nos congela constantemente para dejar lugar a un poso de amargura.

viernes, 15 de marzo de 2013

DE AMOR Y DE CULPA

Mencionar El Decamerón supone sin duda traer a la mente de la mayoría la evocación de un repertorio de anécdotas picantes, un desfile de enredos amorosos y adulterios protagonizado por mujeres disipadas, maridos cornudos y clérigos astutos. La obra de Giovanni Boccaccio contiene, sin embargo –como le sucede a su hermana británica, Los cuentos de Canterbury de Chaucer- historias que se apartan del terreno de lo divertido y procaz para adentrarse decididamente en el de la tragedia. Sucede esto de forma especial en la cuarta de las jornadas, aquella en que los protagonistas, aislados por una terrible epidemia de peste en Florencia, deciden entretenerse contando relatos que tengan como centro el amor con final trágico. Uno de ellos se titula Lisabetta y su maceta de albahaca y trata con singular intensidad los temas de la pérdida del ser amado, el dolor y la culpa.

jueves, 7 de marzo de 2013

NIÑOS DE VERDAD

Hace unos días, un lector me dejaba un comentario en la entrada titulada La bondad de los desconocidos; en él reflexionaba sobre lo que daba en llamar “el niño de verdad”: el niño sin nombre que corretea por las calles, sin lastres materiales, despreocupado de acumular, indiferente a ese gigante que amenaza su porvenir bajo el apelativo enorme y apabullante de “Dinero”. Un niño en franca amenaza de extinción en nuestro mundo urbano, esa implacable maquinaria de ansiar, lograr, atesorar, despilfarrar, en la que vivimos inmersos. Las palabras de este lector anónimo han estado durante varios días haciendo eco en mi cerebro, y me han remitido a reflexiones que me asaltan con cierta frecuencia.

domingo, 3 de marzo de 2013

LOS CUADROS DE FEBRERO (2013)

La búsqueda en la red trae de vez en cuando la recompensa de descubrir auténticos tesoros debidos a los pinceles de completos desconocidos. Es el caso del pintor alemán Alois Erdtelt (1851—1911), artista del que no he podido encontrar otra referencia biográfica que sus fechas de nacimiento y muerte, y que es el autor de esta Cabeza de muchacha, prodigio de elegancia y captación psicológica. Con la sobriedad y eficacia de los clásicos, Erdtelt reduce al mínimo su gama cromática y concentra el foco de luz en el rostro de su modelo para hacerlo emerger de la oscuridad circundante. No hay entorno para este personaje, cuya indumentaria queda reducida al cuello claro de una vestimenta que no vemos. Con semejante economía de medios, el autor  logra el milagro de hacernos sentir que del lienzo surge no tanto un cuerpo real de carne y hueso, sino las profundidades del alma humana. La mirada triste y ensimismada de esta muchacha es de las que desafían las leyes físicas; cómo conformarse con la explicación de que lo que tenemos frente a nosotros es tan sólo una combinación de pigmentos sobre una tela.

jueves, 28 de febrero de 2013

PEQUEÑAS HAZAÑAS COTIDIANAS

En alguna otra entrada de este blog he comentado mi curiosa inclinación a meditar en los supermercados. Es uno de los ámbitos cotidianos que me ofrece más motivos para la reflexión: las personas aisladas o en pequeños grupos, deambulando concentradas entre las estanterías y rimeros de productos, seleccionando lo adecuado para la subsistencia de los próximos días. Las expresiones de cansancio, las discusiones de pareja, las broncas a pequeños revoltosos, los gestos mínimos, que tan significativos resultan, de arañar la calderilla de un monedero o revisar hasta la extenuación la nota con los precios. La espera en la cola de las cajas, mientras el comprador que nos precede despliega sin pudor sobre la cinta transportadora una serie de elementos que nos dicen mucho sobre su intimidad y su vida familiar. Observando con atención, podemos deducir por lo que adquiere si ese desconocido vive solo o acompañado, si tiene niños o mascotas, si entre sus aficiones está el darse a la bebida o atiborrarse de dulces, si es un fanático de la comida ligera y los productos macrobióticos, hipocalóricos y esdrújulos que abarrotan nuestras estanterías de consumidores modernos. La existencia entera, con sus problemas, sus placeres y dificultades, parece estar encerrada entre los muros de ese habitual de nuestras vidas que es el supermercado.

sábado, 23 de febrero de 2013

LA MIRADA DEL OTRO


Hace unos días terminé de leer Siempre hemos vivido en el castillo, de la autora estadounidense, para mí hasta ese momento desconocida, Shirley Jackson. Se trata de una novela que consigue sumergir al lector en un mundo aparte, el de la narradora-protagonista, la joven de buena familia Mary Katherine Blackwood (Merricat, para los más cercanos), que cuenta su día a día como en realidad lo hacemos todos ante nosotros mismos y los demás: percibiendo el mundo desde una perspectiva sesgada, revelando sólo lo que le interesa, buscando la justificación de sus actos. Lo que tiene de especial esta historia es que la perspectiva adoptada es la de un ser con una psicología realmente peculiar, con lo que este viaje hacia la vida cotidiana de una familia acomodada de la América rural se convierte en una alucinante incursión en los dominios de la locura, la soledad y la muerte.

jueves, 14 de febrero de 2013

DE NUEVO YEATS

Cuando empecé a dar clases, hace ya mucho más tiempo de lo que me gustaría, trabajé durante un par de años en varias academias como profesora de español para extranjeros. Entre todos los alumnos a los que tuve oportunidad de conocer –y los hubo de muy variadas condiciones y nacionalidades-, recuerdo especialmente a un grupo de militares de países de la OTAN que estaban destinados en Madrid y a los que debo una de las más gratificantes experiencias de mi carrera docente. Aquellos hombres cultos, atentos y divertidos se encargaron de dinamitar todos los prejuicios con los que atravesé el primer día las duras medidas de seguridad de las instalaciones del ejército donde se impartían las clases.

jueves, 7 de febrero de 2013

OTRO MILAGRO DE LA PRIMAVERA

Corre la primavera de 1912. En uno de sus paseos por Soria, don Antonio Machado contempla una imagen que le llama la atención y a la que él sabe dotar de extraordinaria trascendencia, como sólo son capaces de hacerlo los elegidos de las musas. Se trata de un árbol seco y aparentemente destinado al hacha de un leñador, pero que, en un alarde de apego a la vida y de celebración de la naciente primavera, todavía es capaz de producir un puñado de hojas verdes. La contemplación del viejo coloso que se resiste a morir remueve algo muy profundo en el interior del poeta y da origen a una de sus composiciones más celebradas, la titulada A un olmo seco. Los tres versos finales se encuentran entre los más gloriosos de nuestras letras. Tras describir el profundo contraste entre la decadencia general del árbol y sus pequeños síntomas de renovación, el poeta evoca a su esposa enferma, la jovencísima Leonor, aquejada de tuberculosis, y dice con estremecedora concisión:

sábado, 2 de febrero de 2013

LOS CUADROS DE ENERO (2013)


Con indudable influencia de los pintores simbolistas, la artista contemporánea argentina Sol Halabi crea escenas oscuras, difusas, inquietantes, en las que figuras casi siempre infantiles o femeninas se desenvuelven en un mundo a medio camino entre la vigilia y los sueños. En este Sueño de Gustave, el personaje envuelto sobre sí mismo en posición fetal clava sus ojos en nosotros y parece invitarnos a bucear en nuestro yo más oculto, en el pasado remoto, en las pulsiones íntimas que no siempre sabemos reconocer. El azul intenso y acariciador del fondo nos remite al cielo nocturno o quizá a las profundidades marinas; en definitiva, a un ámbito solitario y silencioso, en el que el protagonista de la escena parece estar suspendido o flotar con placidez extraordinaria. La autora se confiesa enormemente interesada por lo que Jung escribió sobre el poder del inconsciente y cómo este rebasa las barreras de lo individual y nos une al resto de los seres humanos. A ese Gustave está tal vez dedicado el título de la obra, aunque cabría leer entre líneas un homenaje a otro personaje de idéntico nombre, el maestro Gustave Klimt.

lunes, 28 de enero de 2013

CUADROS QUE DE NIÑA ME GUSTABAN

En aquellos tiempos hoy inconcebibles previos a la revolución digital, los amantes del arte dedicábamos mucho tiempo y esfuerzo a rastrear en libros y revistas en busca de reproducciones de las obras de las que queríamos conservar un recuerdo. Cada vez que visitábamos un museo o exposición, asaltábamos a la salida los expositores de postales o, si lo visto había sido globalmente de nuestro agrado, adquiríamos –a veces con gran esfuerzo económico- el catálogo correspondiente.